El día que los estudiantes del colegio Vicente Rocafuerte escribieron su historia con sangre

La pintura de Luis Peñaherrera constituyó la primera portada de orden político que presentó Revista Vistazo.
Revista Vistazo
Miles de ecuatorianos fueron impactos por una ilustración que muestra a una mujer, que representa la patria, tomado en brazos a un estudiante del colegio Vicente Rocafuerte.

Han pasado 60 años desde que Revista Vistazo publicó una de sus más emblemáticas ediciones, se trata de la primera portada de orden político titulada: “No murieron en vano”. En reconocimiento a las víctimas de la masacre ocurrida el seis de noviembre de 1961 en Guayaquil, justo en un momento donde el gobierno de José María Velasco Ibarra tambaleaba.

En el ejemplar 54 se visualiza una mujer, que representa la patria, tomando en brazos a un estudiante del colegio Vicente Rocafuerte, quien fue asesinado durante las protestas contra el régimen.

Vistazo sugería en ese momento la creación de un monumento que perpetúe su memoria, frente al colegio en el que se educaron, junto al bronce del fundador que también luchó contra las tiranías.

“Que la sangre de los adolescentes, que las lágrimas de sus madres y compañeros se transformen en una creación plástica”, rezaba un mensaje al inicio de la revista.

Edición 54 de Revista Vistazo, en honor a los estudiantes del colegio Vicente Rocafuerte que murieron en las calles en una protesta contra el Gobierno de la época.

ASÍ COMENZÓ

A inicios de noviembre Ecuador vivía una intensa jornada de protestas en las principales localidades del país. Ciudadanos, estudiantes secundarios y universitarios salieron a las calles de forma pacífica para protestar contra las medidas del presidente y la corrupción.

Por ejemplo, en Cuenca se registraron varias movilizaciones, lo que terminó en enfrentamientos con la policía, pues las autoridades habían ordenado disparar a los jóvenes.

Esto provocó un profundo rechazó de la ciudad hacia Velasco Ibarra, quien arribó a esta localidad el tres de noviembre, pero muy poca gente salió a recibirlo. “Nótese la indiferencia y rechazo del pueblo”, describe un pie de foto de la revista.

Velasco Ibarra en Cuenca

Días después, seis de noviembre, fue el turno de los estudiantes de Guayaquil quienes reclamaban por las denuncias de corrupción en las que estaba involucrado el gobierno por “la compra de la chatarra”, así referida a la adquisición de armamento militar obsoleto.

Además, reclamaban la falta de pago a los profesores, la elevación de los impuestos y demás situaciones que generaron el descontento de la población.

Por su parte, el gobierno de la época había ordenado tirar a matar, los jóvenes que solo contaban con piedras se enfrentaron valientemente a los gendarmes completamente armados.

“Con las manos limpias y los pechos descubiertos los estudiantes enfrentaron las bayonetas”, dice un encabezado de la revista, en donde se observan desgarradoras fotografías de las familias que perdieron a sus hijos en la jornada de violencia.

Estudiantes de secundaria y universitarios salieron a las calles de Guayaquil a protestar.

El seis de noviembre cayeron abatidos los estudiantes: Luis Miño Girón, Eduardo Montenegro Ponce, Adolfo Gustavo Mariscal López, Freddy Salamea Mora, Serafín Romero Parra y Jefferson Quevedo.

Así mismo, falleció el profesor Eduardo Torres Flores, un destacado dirigente del magisterio ecuatoriano y presidente de la Unión Nacional de Educadores Núcleo del Guayas, como consecuencia de una bala de fusil disparada a su cabeza, cuando protestaban por justicia ante la muerte de los seis estudiantes.

NO MURIERON EN VANO

El siete de noviembre de 1961, una ola de gente acudió al cortejo fúnebre en el Cementerio General de Guayaquil, en apoyo para quienes “escribieron con sangre la página más heroica de la juventud ecuatoriana”, dice la descripción de una foto.

Más adelante agrega: “No murieron en vano, pues la sangre ofrendada por aquellos jóvenes estudiantes, sirvió para exterminar a un gobierno que se divorció del pueblo”.

Miles de personas llegaron a despedir a los estudiantes fallecidos.

Mientras tanto, en Quito, Velasco Ibarra había ordenado el apresamiento del Vicepresidente de la República y el presidente del Congreso Nacional. Pero desde ese mismo instante la reacción popular y estudiantil fue unánime y valerosa.

El batallón ‘Chimborazo’ se sublevó contra el presidente de Ecuador, ante el rompimiento de la Constitución, y con el apoyo de la FAE, Quito, Guayaquil y el resto de la patria escribieron “una epopeya de coraje y dignidad”.

Finalmente, las Fuerzas Armadas depusieron a Velasco y declararon como presidente interino al presidente de la Corte Suprema de Justicia, Camilo Gallegos Toledo. Sin embargo este no tuvo tiempo para gobernar, ni fue aceptado por la Fuerza Aérea, pues ellos estaban a favor de que el puesto sea para el vicepresidente.

Velasco Ibarra fue derrocado el siete de noviembre de 1961 en su cuarto mandato.

Es entonces cuando Carlos Julio Arosemena fue proclamado presidente de Ecuador, mientras Gallegos Toledo desistió de su interinazgo.

¿Quieres revivir este emblemático momento a profundidad? Lee el reportaje completo publicado por Revista Vistazo en 1961: