¿Debemos temer a la inteligencia artificial?

Cecilia Moreno
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“La inteligencia artificial está reemplazando a los profesionales”, dijo el decano de Informática del Tecnológico de Rochester. Según el Foro Económico Mundial, 85 millones de empleos se perderán en cinco años. Y esta revolución recién empieza... ¿Qué profesiones desaparecerán? ¿Qué nuevos miedos enfrentamos?

Los temores aumentaron desde noviembre del año pasado cuando irrumpió el Chat-GPT. Es una máquina que según ella misma: “Puede entender y generar textos coherentes en diferentes idiomas, responder preguntas y mantener una conversación como si fuera una persona real”.

Podemos desde pedirle que nos sugiera cómo celebrar el cumpleaños de un niño de ocho años, hasta solicitarle que nos genere los códigos de programación para automatizar un proceso en una industria. Pero la máquina no solo nos responde, también ella aprende de nosotros: emula al cerebro humano, pero con infinitas capacidades de memoria y de análisis.

Más aun, Chat-GPT no es lo único que existe. Ha sido sí lo más mediático. Esto empezó 10 años atrás cuando se presentó una solución veloz y fiable para “educar a las computadoras”.

El Chat-GPT no es lo único que existe en cuanto a inteligencia artificial. Es sí lo más mediático. ImageNet, derecha, es una base de datos que contiene 14 millones de fotos y sirve para testear los avances de la IA.

“En 2012 se identifica el origen, el Big Bang de esta nueva oleada que se está viviendo en el campo de la inteligencia artificial”, dijo Carlos Santana Vega, profesor del Instituto de Tecnología de la Información de Helsinki.

Hoy en día, la Inteligencia Artificial (IA) puede dar clases y reemplazar a los profesores; sustituir a los analistas financieros en la banca; generar imágenes o videos personalizados compitiendo con la creatividad de los diseñadores gráficos; o hasta redactar textos periodísticos o publicitarios a velocidad asombrosa y con lenguaje ingenioso. Y esto está empezando...

La cuarta revolución

La primera revolución industrial empezó a fines del siglo XVIII alrededor de la máquina de vapor que transformó la energía térmica del agua caliente en energía mecánica.

Su evolución aceleró la industrialización y el consiguiente desarrollo económico de Europa Occidental y de los Estados Unidos. Desde allí la gente migró del campo para trabajar en las fábricas de la ciudad y las bestias de carga fueron reemplazadas por las locomotoras.

La segunda revolución industrial vino con la electricidad: Las máquinas de vapor se transformaron en eléctricas, ocupando además menos espacio y volviéndose más potentes.

Por si fuera poco, la oscuridad de la noche, dejó de ser una limitación para producir. Casi de la mano llegó la radio y con ella el boom de las comunicaciones a distancia. Ya aquí muchas profesiones empezaron a desaparecer. ¿Alguien recuerda al lechero que pasaba todas las mañanas? La refrigeradora lo mató.

La tercera revolución, más reciente, estuvo marcada por el paso de lo analógico a lo digital. La computadora personal y el Internet son los ejes que condujeron a vertiginosas e increíbles transformaciones. Eran cambios inimaginables, incluso después de que el hombre había llegado a la luna.

En los años 70 un científico dijo: “Será imposible poner una computadora en cada hogar”. Cuando llegaron, los mecanógrafos quedaron para la historia y el revelado de las fotografías dejó de ser importante.

De unos años para acá hablamos de inteligencia artificial, de redes neuronales, de data-sets y de machine learning.

Si un robot nos reconoce el habla, es una tarea que asociamos con la inteligencia y por tanto allí ya hablamos de inteligencia artificial. Pero si a ese mismo robot le damos la capacidad de entender, procesar y aprender tras varios procesos de ensayo y error, hablamos de machine learning.

Para que esto suceda hay que construir redes neuronales. Para Carlos Santana, “cuando se habla de una red neuronal artificial estamos hablando de un algoritmo que está inspirado en lo que tenemos en nuestra cabeza”.

Cosa de locos

El padre de esta última revolución es Yann André LeCun, hoy vicepresidente de IA de Facebook. LeCun creó, en 1998, el concepto de redes neuronales convolucionales, muy efectivas para tareas como el reconocimiento óptico de caracteres.

Más tarde, la idea la tomó Fei-Fei Li, nacida en Pekín y directora del Departamento de Inteligencia Artificial de la Universidad de Stanford. Es considerada una de las investigadoras más prolíficas en el campo de la IA. Ella creó ImageNet, “un proyecto de visión por computadora que dio como resultado el aprendizaje profundo”.

Desde 2010, Fei-Fei Li lidera un concurso que premia a los sistemas inteligentes que más rápidamente identifican los objetos presentes en cada una de las 14 millones de fotos que integran una base de datos ImageNet.

Eso hizo que, en 2012, Dan Ciresan, un investigador de origen rumano gane el concurso usando un método que es reconocido hoy como el nacimiento de una tecnología capaz de percibir y entender el mundo.

Ciresan ha ganado cinco concursos en temas como la clasificación de señales de tráfico, el reconocimiento de caracteres chinos escritos a mano, la segmentación de membranas neuronales en imágenes de microscopía electrónica y hasta la detección de mitosis en imágenes de histología de cáncer de mama. Y todo ello con una tasa de efectividad del 99,46 por ciento, de largo superior a la del cerebro humano.

En palabras de Ciresan, “todo lo que necesitamos son muchas capas ocultas y muchas neuronas artificiales por capa”. En esa tecnología se basan, por ejemplo, el reconocimiento facial para desbloquear el iPhone y las máquinas que usan los de Migración para revisar el pasaporte en los aeropuertos.

El hoy tan de moda ChatGPT es solo un eslabón de la IA. En Seattle, al noroeste de EE.UU., hay una tienda de Amazon Go donde usted ingresa, solo activa una aplicación en el teléfono y empieza a recorrer el supermercado. Una serie de sensores y cámaras estratégicamente ubicadas siguen los movimientos de cada cliente y saben qué producto escogió y hasta cuál se guardó en la cartera.

Al final no hay cajas, sino que el débito se hace automáticamente al salir del local. Adiós a los cajeros del supermercado.

Cada día aparece una nueva aplicación de la inteligencia artificial. Desde los ya populares filtros de Instagram, hasta la posibilidad de tomarse una selfie con Salvador Dalí, en su museo en España.

Se usa IA no solo para determinar qué anuncio nos debe aparecer en nuestras redes sociales, también para ensamblar vehículos. Se puede en segundos poner color a las películas antiguas en blanco y negro, tarea que antes era reservada a expertos restauradores que lo hacían de manera casi artesanal.

Y mientras miles de millones de dólares se están invirtiendo en IA y su potencia informática se duplica cada seis meses, miles de profesionales avizoran el desempleo...

PROFESIONES QUE DESAPARECERÁN

Se necesitarán personas más especializadas, pero en general menos personas. Un tercio de los empleos minoristas serán desplazados hasta 2030. El Foro Económico Mundial prevé que hasta 85 millones de empleos se perderán en los próximos cinco años...

Digitadores de datos

En cada elección, el CNE contrata cientos de personas que ingresan manualmente las actas con inconsistencias. La inteligencia artificial reduciría significativamente las actas a revisión, aumentando la velocidad y precisión de los resultados.

Contadores y auditores

Como todos los productos que se vendan estarán vigilados por cámaras o sensores, desde los análisis de inventario hasta los reportes de gestión y las proyecciones del negocio podrán ser obtenidos automáticamente y con mayor fiabilidad.

Taxistas y choferes

Ya en California ruedan autos sin chofer. En muchas ciudades las locomotoras del Metro van sin conductor. Pronto las licencias de conducir serán historia. Así mismo los operadores de las flotas de vehículos podrán planificar mejor las rutas, ahorrando costos.

En Japón ya operan una gran cantidad de trenes cuya conducción es operada por Inteligencia Artificial.

Analistas financieros

Dicen que el sector financiero es uno de los que mayor riesgo de pérdida de empleo afrontaría. Los bancos podrán analizar mejor los perfiles de sus posibles nuevos clientes y hasta tendrían herramientas automáticas para detectar fraudes o lavado de dinero.

Cajeros de supermercado

Al igual que en los bancos desaparecen las ventanillas, en los supermercados ya no habrán cajeros. Basta que el cliente tome un producto de la percha para que se le haya cobrado. O serán las refrigeradoras las que hagan el pedido de acuerdo con el análisis de consumo de cada hogar.

Atención al cliente: Los chatbots ya están reemplazando a los empleados de call centers. Con inteligencia artificial el cliente tendrá una respuesta más efectiva a su queja o requerimiento. Al mismo tiempo la empresa tendrá mejores análisis para decidir ampliaciones de servicio y, por supuesto, mejores recaudaciones.

Técnicos de mantenimiento

Los algoritmos de aprendizaje son los que detectarán la mínima falla en una cadena de montaje. Ellos decidirán cuándo la máquina debe detenerse para una reparación preventiva. Se reducirá el número de técnicos.

Periodistas y diseñadores

Una editora de noticias de la agencia Reuters anticipó que la IA “ayudará a obtener el contenido exacto para la persona adecuada”. El Chat-GPT ya está en capacidad de analizar eventos y redactarlos como una noticia. La IA también permite alimentarla con alguna idea para que devuelva un diseño gráfico único.