Un proyecto en Ecuador busca que los niños aumenten la lectura de libros

El déficit de comprensión lectora fue el punto de partida para que una profesora de la Universidad Católica de Cuenca impulse una iniciativa que transformó la relación de más de 1.500 niños con los libros.

Varios niños leyendo.
Jorge Cavagnaro A.

Cuando las aulas se cerraron en 2020, muchos proyectos educativos quedaron en pausa. Pero para la investigadora Hilda Trelles, la crisis se convirtió en una oportunidad. En ese tiempo nació “Animación a la lectura en el nivel inicial, educación básica y bachillerato”, una iniciativa que buscó despertar el gusto por leer desde la primera infancia en un país donde, según Trelles, “menos del 50 por ciento de la población lee, y muchos lo hacen por obligación, no por gusto”.

El programa surgió para enfrentar dos retos simultáneos: la falta de prácticas presenciales durante la pandemia y el marcado déficit en comprensión lectora detectado en evaluaciones nacionales. “La lectura es una actividad trascendente, que no podemos postergar. Pero a la gente no le gusta leer”, explica Trelles, quien es docente de la Universidad Católica de Cuenca.

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Su apuesta fue intervenir en una etapa temprana, apoyada por estudios de neurociencia que indican que los primeros cinco años son cruciales para desarrollar habilidades cognitivas y lingüísticas.

Promover la lectura desde la infancia: el objetivo de este proyecto

El proyecto se implementó inicialmente de forma virtual, priorizando estrategias lúdicas. “En la primera infancia, el método es el cuerpo”, afirma, por lo que el equipo trabajó con pictogramas, materiales didácticos y dinámicas interactivas. En los niveles superiores incorporaron narrativa, novela y fichas de lectura elaboradas por los propios estudiantes universitarios que participaban en la iniciativa.

Lo que empezó como una respuesta de emergencia terminó extendiéndose durante cuatro años y dos fases, en Cuenca, Macas, Azuay y Cañar. “Si sumamos las dos fases, trabajamos con cerca de 1.500 niños”, detalla. Cada ciclo incluía grupos de 20 a 30 niños; esto permitió un impacto sostenido a lo largo de ocho semestres.

Los resultados, según Trelles, fueron contundentes. “El área en que más desarrollan los niños es la comprensión lectora, seguida del vocabulario y la fluidez verbal. Luego está la interacción social”, señala. Las encuestas de satisfacción de familias y docentes confirmaron el efecto positivo; esto motivó a crear una segunda fase del proyecto y luego nuevas iniciativas.

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Una de ellas es Bibliotecas Itinerantes, un programa implementado desde 2023 con apoyo del Banco Central.

El objetivo, recalca, sigue siendo el mismo: llevar los libros donde no llegan. Trelles reconoce que esta experiencia marcó un camino que seguirá alimentando nuevas ideas. “Los resultados nos dan la base para proponer nuevos proyectos”, afirma, convencida de que la lectura debe sembrarse temprano para que florezca toda la vida.