Día del Arte | Así el muralismo comunitario busca preservar la identidad de Manglaralto
Globalización y violencia desplazan la cultura comunitaria, según la sociología. Una iniciativa artística buscar recuperar la identidad con murales.
La pérdida de identidad indígena en comunas de la costa ecuatoriana es un proceso que se arrastra desde hace décadas. En Manglaralto, una comuna de Santa Elena, esta realidad se manifiesta en un territorio que, aunque conserva su vínculo con el manglar, el bosque seco y el mar, enfrenta transformaciones sociales profundas.
La socióloga Marlyn Urresto sostiene que esta pérdida responde a factores históricos, sí; pero también a un presente marcado por la globalización, la violencia y modelos de desarrollo que desplazan las formas comunitarias.
De hecho, ahonda en razonas más profundas. "No hay una separación entre la idea de ser indígena de la región Sierra" y que a esto se suma a "una invisibilización total de reconocernos como indígenas en la Costa".
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Por su parte, un artículo académico titulado ‘Identidad y derechos territoriales para las comunas de Santa Elena’, advierte que estas poblaciones han sido históricamente nombradas como “cholas”, una categoría que las asimila a lo mestizo y borra su reconocimiento como pueblos originarios. Detrás de esa etiqueta existe una lógica de despojo que afecta su identidad y relación con el territorio.
En Manglaralto, la comunidad busca resistir al olvido de sus raíces a través del arte. Revista Vistazo viajó hasta la comuna para constatar cómo muralistas de distintas provincias convivieron durante un mes en el territorio, en una residencia artística que les permitió plasmar y recuperar la identidad local directamente en sus paredes.
Preservar la identidad con arte
Por fuera, parecen simplemente paredes hermosas llenas de color. Pero más allá de lo estético, de fondo, el muralismo comunitario se convierte en una herramienta viva para reconstruir aquello que el tiempo y el olvido han desplazado.
Así, con el poder del arte, el proyecto "La Colmena", responsables de más de 100 murales pintados en Olón, realizó su primera residencia artística, dejando 12 nuevas obras distribuidas en toda la zona: desde las fachadas de viviendas hasta instituciones educativas y el edificio del GAD Municipal.
Jeff Castro, director general del proyecto, explicó a Vistazo que la residencia tuvo un mes de duración, con visitas a lugares históricos y vínculos con la comunidad para entender su cultura. Fueron 60 artistas emergentes quienes postularon.
"Hubo 10 personas seleccionadas a nivel nacional de Puyo, Ibarra, Cuenca, Quito (un porcentaje significativo) y dimos un cupo especial para Santa Elena".
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La propuesta no convencía a los moradores de la comuna. Al inicio, algunos residentes la percibían como una intervención meramente decorativa, sin mayor profundidad. Sin embargo, al ver el compromiso de los artistas por representar la cultura local con respeto y detalle, esa percepción fue cambiando poco a poco.
"A diferencia de zonas como Olón o Montañita, fue difícil ubicar en la cabecera parroquial de Manglaralto la autorización, porque la gente todavía no está acostumbrada a estos proyectos", confiesa Melissa Lemus, presidenta GAD Manglaralto.
Ahora, ella cuenta que al menos cinco personas la han contactado para pedir que realicen una obra en sus calles.
Un "pueblo etiquetado" de propagandas
El gestor cultural y líder comunitario Jonathan Borbor señala que los territorios han sido convertidos en “pueblos etiquetados”, atravesados por publicidades, discursos políticos y representaciones externas. “No somos un pueblo de marcas”, afirma, al explicar que esa lógica desplaza los símbolos propios y debilita el sentido de pertenencia.
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Frente a ello, recuperar la identidad implica volver a mirar el entorno, reconocer sus elementos y reconstruir el vínculo con lo que define a la comunidad. El artista Alejandro Barba, conocido como Farmon, explica que el objetivo no es imponer una imagen, sino construirla desde el territorio. “Queremos hacer algo que les haga sentido a las personas”, afirma
En lugares donde predominan los mensajes publicitarios, el arte comunitario introduce imágenes de identidad, cultura y memoria. “El mural compite con lo que representa la publicidad”, señala Barba. Ese enfoque marcó la lógica de toda la residencia.
Para el artista Juan Sebastián Aguirre, conocido como Apitatán, el eje del trabajo fue escuchar antes de intervenir.
“No se trata de imponer una imagen, sino de entender qué tiene que decir el territorio”, señala, al explicar que las historias, los mitos y los recorridos se convirtieron en la materia prima de los murales. A partir de ese proceso, las obras se construyeron como una síntesis de experiencias compartidas.