Justicia para Zoe: la vida de una bebé que apagó su propio padre

Un policía en servicio activo contrató sicarios para asesinar a su propia hija, con el objetivo de no pagar la pensión de alimentos.
Alejandro Pérez
La familia de Zoe hace constantes marchas en Ibarra para exigir justicia.

Un policía en servicio activo contrató sicarios para asesinar a su propia hija, con el objetivo de no pagar la pensión de alimentos. Katherine, la madre, se salvó de morir y ahora es una sobreviviente que arrastra un dolor imborrable. Solo pide que los responsables sean juzgados con la máxima condena. Todavía no sabe cómo rehacer su vida y empezar de nuevo. ¿Por qué sucedió este atroz acto?

Katherine vio fijamente a los ojos del sicario que segundos después disparó contra su hija. Es una imagen que nunca logrará olvidar. En la pared exterior de su casa quedó la marca de una bala y, en la vereda, todavía no se borra del todo la mancha de sangre. Una vida truncada: La joven quería que su bebé, a quien bautizó como Zoe Evangeline, tuviese mejores oportunidades y que la niña no creciera entre las carestías que ella vivió.

Katherine es ahora una sobreviviente de la violencia machista. Tiene 24 años. Creció en una zona deprimida a las afueras de Ibarra, de esas que emergen por necesidad de soluciones habitacionales y sin planificación municipal. Nadie en La Floresta de Priorato, barrio que aún tiene sus calles sin asfalto, imaginó que sería testigo de esta tragedia. Muchos vieron la escena: cómo los sicarios llegaron, cometieron el delito y escaparon, pero nadie quiere hablar frente a una cámara. Tienen miedo. “Son sicarios, gente peligrosa, así estén ya en la cárcel”, dicen.

La familia de Katherine recibió a Vistazo en su hogar. Ella y sus allegados creen que su historia debe ser contada para que ninguna otra mujer atraviese el horror que está sufriendo. Una condición: piden que no se hagan fotografías de sus rostros. Hay pasajes que Katherine narra con la voz entrecortada, pero intenta desahogarse. Todavía siente dolor en la cabeza por los cinco patazos que le propinó el sicario y le dijo: “Esto te mandó el papá de tu hija”. Los médicos le suturaron 15 puntos.

Katherine tiene 24 años y sus anhelos eran de que su hija tuviese mejores oportunidades y que no creciera entre las carestías que a ella le tocó vivir.

EL INICIO DE LA TRAGEDIA

En noviembre de 2020 Katherine conoció a Luis Andrés L. T. y salió con él. Era policía en servicio activo, oriundo de la provincia del Guayas, pero prestaba sus servicios en Imbabura. Sin embargo, ella cuenta que evitó volver a verlo porque Luis subía fotos a sus redes sociales saliendo con otras chicas. Tres meses después, al hacerse un chequeo médico, se enteró que estaba embarazada. “Era un 12 de febrero”, recuerda la joven. Sabía que debía darle la noticia a Luis, a pesar de que no había hablado con él durante esos tres meses. La respuesta fue: “Yo no quiero ser padre. Tienes que abortar”. Así que dio por sentado que no contaba con él.

Katherine optó por salir adelante sola con el embarazo. Tenía un empleo como secretaria en una pequeña empresa de Cotacachi. Su madre también la había criado prácticamente sola a ella y sus cuatro hermanos. “Mi mamá trabajaba lavando ropa ajena y en una panadería. Nos mandaba cinco centavos de colación para la escuela. A veces no teníamos ni para un pan. Pero salimos adelante”.

Claro que ella soñaba con ser doctora o veterinaria, pero en esas circunstancias la universidad era casi una quimera.

El padre de Katherine había formado otra familia y se fue a vivir en Quito. No las abandonó del todo, pero tampoco era una gran ayuda, dice la joven. “Cuando venía un fin de semana, nos dejaba 50 centavos para mí y mis hermanos y eso para nosotros era mucho dinero. Imagínese”. Bastaría decir que para el funeral de Zoe, Katherine tuvo que pedir dinero prestado.

Las cosas no salieron tan bien como pensaba Katherine: a los pocos meses de embarazo, sufrió de preeclampsia, lo que la obligó a dejar su trabajo para cuidarse. Sus hermanas la ayudaban económicamente. A los seis meses de gestación se hizo un eco y supo que sería mujer. Le envió fotografías del eco al policía. No hubo respuesta. Ella solo cumplía con el deber de informarle que sería padre de una niña. El 30 de agosto nació Zoe. También le envió fotos, pero Luis le respondió: “Tú y tu hija para mí están muertas” y la bloqueó de redes sociales.

A partir de ese momento, Katherine empezó a recibir mensajes de números desconocidos en su WhatsApp.

Le decían que la niña no debió nacer porque no fue hecha con amor; la acusaba de “sacaleches”, que se habría embarazado solo por asegurarse una pensión del policía; que su hija siempre sería una bastarda; y lo más feo, le dijeron: “Tú y tu hija se van a morir”. Ella solo bloqueaba los números sin imaginar el desenlace que se avecinaba.

Dada la situación precaria de su economía, sus hermanas y amigas le sugirieron seguir un juicio de alimentos. En noviembre, Luis recibió la primera citación para practicarse un examen de ADN. No asistió. Semanas después el policía se casó con una mujer con la que salía desde hace algunos meses. Ella le escribió a Katherine: “Los hijos no son un negocio” y la acusó de “interesada”.

Ante la inasistencia de Luis a otros dos llamados más para la prueba de ADN, se dio por sentado que él era el padre y la justicia fijó una pensión alimenticia de 220 dólares. Eso fue en marzo. Se estaba tramitando con el IESS y las instituciones correspondientes para que al policía se le descontara ese valor de su rol de pagos, mientras al parecer él preparaba el asesinato.

En esta esquina de la capital de la provincia de Imbabura, Katherine esperaba a Luis Andrés L. T. Sería la primera vez que él visitaría a su hija, pero envió a sicarios para deshacerse de las dos.

UN POLICÍA CONTRATA SICARIOS

El domingo 16 de abril, Katherine recibió un mensaje de Luis, después de siete meses de haber nacido su hija, de insultarla y no asistir a las pruebas de ADN. “Quiero ver a la niña. Soy humano”, le dijo a la joven. Ella accedió, pero él canceló la cita y le dijo que mejor otro día, porque justo se le habría presentado una orden en su trabajo. El miércoles 20 de abril volvió a escribir. Luis le pidió que le enviara la ubicación de su casa. Katherine, un poco desconfiada, pensó que a él se le habría removido el corazón y que era sincero. Incluso se imaginó invitarlo luego para el primer cumpleaños de la niña.

“Ese día la bañé, la vestí, le di de comer...”, dice Katherine entre lágrimas. Antes de las 11 de la mañana, salió con Zoe en brazos a esperar en la esquina de su casa. Vio pasar una moto, pero no le pareció nada extraño. Luego pasó un taxi y se cruzó la mirada con Luis antes de que pudiera agacharse en el asiento posterior. Le pareció rara esa actitud, pero mientras veía el taxi alejarse, la moto se acercó. Katherine cruzó la mirada con el sicario que llevaba el arma. Éste soltó un primer disparo que impactó en la pared.

Antes de que la joven pudiera reaccionar, el hombre se bajó de la moto y disparó contra Zoe.

Ella vio cómo su hija, aún en sus brazos, empezaba a desangrarse por la boca. Luego recuerda que le propinaron un fuerte golpe con la pistola en la cabeza. Cayó al piso. El sicario le asestó cinco puntapiés con el mensaje: “Esto te manda el papá de tu hija”. Katherine se desvaneció. Recuerda luego ver a su hija tirada y ensangrentada. Llegó un patrullero, se las llevaron para dar encuentro con la ambulancia en el puesto de aduana que está cerca de la Laguna de Yahuarcocha.

Los paramédicos le dijeron que su hija estaba herida pero que no se preocupara. Luego una psicóloga le dijo: “¿Tú crees que tu hija se va a salvar?”. Ella respondió que sí. La misma psicóloga regresó luego moviendo la cabeza y le dijo: “Tu hija murió”. A Katherine se le vino el mundo abajo. El sufrimiento no acabó ahí. Debió ir a declarar en la Fiscalía para luego llegar al funeral de su hija pasadas las 10 de la noche. “He tenido malos pensamientos. Ganas de suicidarme, de irme con mi hija”, confiesa la joven. “Mi mamá murió hace tres años; es un dolor parecido al que sentí esa vez, pero muchísimo más fuerte porque es algo que salió de mí”.

El policía nacional Luis Andrés L. T. (izquierda), natural de Milagro, de 27 años, habría contratado a los sicarios para atentar contra su propia hija. Del otro lado, los sicarios, ahora detenidos, habrían usado el arma de dotación policialproporcionada por el propio Luis Andrés L. T.


CAPTURADOS

Varias personas corroboran lo narrado por Katherine en la esquina de su casa. Una de sus familiares tomó la fotografía de frente a los sicarios mientras escapaban, lo que ayudó a la Policía a ubicar a los sujetos media hora más tarde en la Laguna de Yahuarcocha. Tomó la foto porque vio que la pistola se trabó o se acabaron las balas y pensó que ya no había mayor peligro de que disparasen nuevamente. De hecho, la teoría que se maneja para acusar a los implicados es que tenían la orden de asesinar también a Katherine, pero algo les falló.

De ser así, Katherine habría sido otra víctima de los más de 30 femicidios que se han reportado en Ecuador entre enero y abril de este año, según datos de la Fundación ALDEA. Se estima que, en Ecuador, cada 72 horas es asesinada una mujer por su condición de género. Varias activistas feministas expresaron su rechazo ante la noticia y la falta de políticas de protección, en una sociedad que parece haber normalizado la violencia. “Las mujeres y los niños vivimos en extremo peligro en este país”, dijo Sybel Martínez, miembro de la Alianza de la Niñez y la Adolescencia.

Horas más tarde del crimen, también fue detenido el autor intelectual, quien había ido al cuartel de la Policía y luego intentaba huir en un taxi. Según Álex Nájera, abogado de Katherine, el policía, de 27 años, declaró en audiencia ante el juez que él mismo proporcionó el arma de “dotación policial” y la moto en la que se movilizaban los sicarios. A pesar de todo esto, la defensa de Luis Andrés pidió medidas sustitutivas a la prisión preventiva, argumentando que no constituye una amenaza y que tampoco existe peligro de fuga, lo que fue negado por el juez.

Si se comprueba todo lo relatado, los tres detenidos podrían recibir una condena de entre 22 y 26 años. Varias versiones apuntarían a que la esposa de Luis también estaría involucrada en contratar a los sicarios. Sin embargo, todo se maneja aún bajo reserva hasta que termine la instrucción fiscal.

Katherine interpuso un juicio que estaba cerca de terminar para descontar una pensión mensual mínima del rol de pagos del policía, pero antes llegó la tragedia.

EMPEZAR DE NUEVO

Al menos durante la primera semana, familiares y vecinos de Katherine se reunieron, todas las noches, con velas y oraciones en la esquina de la casa. En los exteriores del Consejo de la Judicatura en Ibarra, junto a activistas y personas que se sumaban, pidieron justicia, para que se sancione a los responsables y no haya más mujeres y niños asesinados o violentados.

¿Cuál es el estado de descomposición social al que hemos llegado para que un policía contrate sicarios para asesinar a su propia hija? El penoso hecho ocurrió en medio de una ola de violencia e inseguridad que golpea el país. Desde enero hasta la tercera semana de abril, Ecuador ya registraba más de 1.250 muertes violentas en todo el territorio. Una cifra que duplica lo registrado en el mismo período del año pasado. La pequeña Zoe ahora es parte de esa estadística.

Katherine entró al sistema de protección de testigos, junto a otras personas que están en su círculo cercano. Varias autoridades e instituciones le han expresado su apoyo, pero hasta ahora se siente abandonada. Espera que eso no solo quede en ofrecimientos. Pide la pena máxima para los capturados y demás personas que estén involucradas. Nadie le va a devolver a su pequeña para verla crecer y jugar con ella.

“Mi hija tenía una sonrisa que a nadie le hacía daño. No quiero que a nadie le pase lo mismo que a mí”, dice la joven. Todavía tiene miedo de que alguien regrese a terminar con ella. Su casa le trae a cada momento los recuerdos de Zoe, ese rostro que se apagó producto de la violencia. Aún no sabe cómo rehacer su vida. Dice que cuando tenga fuerzas quisiera irse a otra ciudad, conseguir un trabajo y empezar de nuevo.