El Presidente de Banco del Pacífico explica el desplome de las utilidades

Indemnizaciones por despidos, reestructuración, morosidad heredada por decisiones políticas.
Víctor Hugo Carreño / Ecuador Chequea

Indemnizaciones por despidos, reestructuración, morosidad heredada por decisiones políticas... A esas causas atribuye Roberto González que la utilidad haya caído de 24 a 5 millones de dólares. ¿Qué hay tras la venta del banco?

Después de un proceso de reestructuración que incluyó el despido de cerca de 1.000 personas que ocupaban cargos directivos, cierres de agencias y saneamiento de cartera crediticia, el Banco del Pacífico entra este año a la fase de venta. Este proceso de reestructuración tuvo consecuencias y golpeó sus utilidades. En 2021 la cifra fue de apenas $5,7 millones, muy por debajo de los $24,80 millones reportados en 2020.

Por todas estas razones, el Banco ha tenido que enfrentar una tormenta de críticas. La parlamentaria andina Cristina Reyes, por ejemplo, a través de sus redes sociales publicó un video en el que asegura que se entregó la administración para que lo debilitara y poder vender el banco a precio de gallina enferma. Algo parecido dijo el exdiputado quiteño Marcelo Dotti; y, la verdad, el rumor ha venido creciendo con los días en el país.

Sin embargo, el presidente ejecutivo del Banco Pacífico, Roberto González, cree que la institución no ha perdido valor. Según información interna, su patrimonio era de $819 millones a diciembre de 2021; mientras que en diciembre de 2020 fue de $794 millones. En otras variables, como activos y cartera, ha mantenido niveles similares entre ambos años.

El banco tiene actualmente 2,7 millones de clientes y proyecta llegar a los 3 millones en 2022. González que cree la venta se concretará este año y espera que sea un banco internacional el que compre esta entidad, cuyas acciones hoy están en manos de la Corporación Financiera Nacional. En diálogo con Ecuador Chequea, el presidente analiza toda esta vorágine.

¿Cómo va a ser la venta?

El proceso tiene dos partes. Una, que ya hemos concluido: que el banco vuelva a generar utilidades suficientes para justificar el mejor precio posible. Se han tomado medidas de reducción del gasto operacional, de reducción de gastos innecesarios, de saneamiento de cartera crediticia y cerramos oficinas que no generaban negocio. Ahora comienza la fase del proceso de venta, que incluye una actualización de la valoración y la elección de un banco o entidad internacional que nos acompañe en el proceso. Este acompañamiento incluye preparar la información, los contactos con los posibles interesados y la negociación de las ofertas. Cuando el accionista del banco apruebe el candidato, las condiciones y el precio, se cierra la venta. Después de eso, queda la autorización de la Superintendencia de Bancos. Todo ese proceso va a tomar probablemente entre 9 y 12 meses.

¿Y ahí finaliza el proceso?

Sí, ahí se acabó.

¿Qué figura se adoptará para vender el banco?

En 2019 y 2020 hubo una valoración. Vamos a pedir la actualización. Con esa actualización, el accionista decide si acepta y ahí se lanzan las bases de licitación. Es decir, qué tipo de entidades pueden participar.

¿Ya hay instituciones interesadas?

Muchas, fuera del país, fundamentalmente; dentro del país es difícil, porque los grandes bancos necesitarían un enorme aporte de capital.

¿Sí o sí entonces sería un banco internacional?

Debería ser, pero al final el accionista tiene que decirnos ‘queremos que sea este tipo de entidades’. Si a mí me pregunta, que sea un banco internacional, que venga con su know-how, tecnología y acceso a los mercados internacionales para que introduzca dinamismo en el sistema.

¿Un banco internacional influiría también en la reducción de tasas?

Hasta cierto punto, sí. Lo que pasa es que la discusión de la reducción o no de las tasas no se explica lo suficiente. Cuando se habla de reducción de tasas sólo se habla de tasas de activo, pero nadie habla de tasas de pasivo. Yo no puedo prestar al 2% o 3% y pagar depósitos al 8% porque no gano dinero y dejaría de ser negocio.

El año pasado el banco anunció que esperaba ahorrar $50 millones anuales tras la reducción de gastos operacionales. ¿Se cumplió?

Eso está completado y superamos esa cifra. Prevemos para este año $71 millones de ahorro. ¿Cómo se logra esto? Por la disminución combinada de gastos y reestructuración de personal. Ninguna de las medidas tomadas ha afectado el valor del banco. El patrimonio neto al 31 de diciembre de 2021 es de $819 millones.

¿Este proceso incidió en la disminución de utilidades?

Los gastos de indemnizaciones y reestructuración se suelen cargar en el primer ejercicio (año). Además, hemos tenido que hacer saneamientos extraordinarios de la cartera; lamentablemente, en los últimos 9 años el banco entró en segmentos de crédito y en campañas crediticias motivadas por decisiones políticas que nos están provocando una morosidad demasiado alta.

Es una reducción de casi $20 millones en utilidades en relación a 2020. ¿Todo por despidos, reestructuración y morosidad?

Si compara 2021 con 2020, no lo va a ver muy claro, porque en 2021 tuvimos que aflorar muchos gastos represados de años anteriores. Una de las malas prácticas que había es que no se pagó lo que se tenía que haber pagado en 2019 y en 2020 y, vulgarmente dicho, patearon para el año 2021. Hemos tenido que sanear contratos, salir de otros y pagar cláusulas de penalización para arrancar este año con lo que creemos debe tener el banco.

Hubo también anuncios de reducción de personal. ¿Cuántas personas salieron?

1.100 personas, básicamente de cargos directivos sin ninguna justificación. No se han hecho ajustes en las capas bajas. El banco pasó de tener menos de 1.500 empleados en 2008 a 3.760 antes de la reestructuración.

Se ha hablado en redes sociales el cierre de agencias. ¿Cuántas y cuáles han cerrado?

Hemos cerrado, entre agencias y ventanillas destacadas (estas situadas dentro de empresas), 18 unidades, porque todas estaban en pérdidas. Ese grupo de agencias y ventanillas le suponían una pérdida anual al banco superior a los $2 millones.

¿En qué ciudades cerraron?

Cayambe, Latacunga, Durán, en la vía a la Costa en Guayaquil... En todo el país se ha hecho un análisis muy detallado del tema, oficina por oficina.

¿Y cómo se atiende a la población donde no quedan agencias?

Tenemos canales telefónicos, virtuales, aplicaciones, corresponsales no bancarios, cajeros, centros virtuales. (Corresponsales no bancarios son las cooperativas, tiendas, farmacias o supermercados autorizados para hacer transacciones del banco).

En Cayambe y Tulcán ya no quedan agencias físicas, ¿pero quedan los corresponsales no bancarios?

Así es, y cajeros también.

¿Habrá más cierres de agencias este año?

No.

¿Cuántas agencias quedan ahora?

Quedan 77 agencias.

¿Y otros puntos de atención?

761 cajeros automáticos, 46 centros virtuales, 125 kioskos de autoservicio y 15.396 corresponsales no bancarios. Estamos presentes en 214 cantones.

¿Y planes de abrir nuevos canales?

Se abrirán más de 100 puntos, entre cajeros y centros virtuales.

¿Qué proyecciones tienen para este año?

Esperamos tener una utilidad mínima prevista de $50 millones. Volveríamos a ser uno de los bancos principales.

¿Piensan abrir nuevas agencias?

No. Queremos potenciar todos los canales digitales y la red de corresponsales no bancarios.

Para finalizar, ¿este año sí o sí se concretaría la venta?

Ojalá. Para eso estamos aquí.

Al banco se lo intentó vender en los dos gobiernos anteriores. ¿En qué se va a diferenciar este proceso para finalmente concretarlo?

En este caso, hay la firme voluntad del Gobierno de hacerlo y de destinar esos recursos a otros fines sociales, no a gasto corriente.

Una vez que se venda, ¿Qué ocurrirá con los clientes o la estructura?

Lo que más valorará el banco que venga es su base de clientes, sus ejecutivos y la gente que ha sido capaz de mantenerlo a este nivel.

¿No habrá entonces un cambio radical?

Sería un gravísimo error.