El primer hombre que pisó la Luna resbaló en la Cueva de los Tayos, en Ecuador en 1976
Abundante literatura ha especulado sobre la Cueva de los Tayos, su función, origen e importancia para civilizaciones pasadas.
“Vamos a la Luna porque está en la naturaleza del hombre enfrentarse a los desafíos”. Eso dijo Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la luna en julio de 1969. El astronauta estadounidense llegó al paisaje lunar abordo del Apolo 11, de la NASA, en esa histórica misión. En agosto de 1976 realizó otro viaje, a un sitio recóndito en la Amazonía ecuatoriana: la enigmática Cueva de los Tayos.
Vistazo lo reseñó en su edición de la época y lo recuerda ahora, casi medio siglo después cuando el mundo espera el regreso de la misión Artemis II que hace historia al recorrer la órbita lunar.
REVISE TAMBIÉN: Artemis II: ¿Cómo y cuándo será el regreso de los astronautas a la Tierra?
La expedición a los Tayos se trató de una misión de carácter científico organizada por la embajada Británica y el gobierno militar de la época. Armstrong se interesó por participar en la expedición científica.
A 300 metros de la Cueva de los Tayos se había instalado un campamento. La misión debía entrar el último día de julio de 1976, pero el ingreso se retrasó un día, para esperar la llegada de Armstrong al Ecuador. Ya se habían hecho unas incursiones previas.
El misterioso visitante: Neil Armstrong
Se prepararon trajes especiales, muy distintos a aquel que usó Armstrong en la caminata lunar.
Se instaló un sistema de poleas y escalerillas en la plataforma suspendida en la entrada principal. El reporte de la época muestra que no se pudo usar la wincha que facilitó el descenso de entrenamiento las semanas anteriores, porque su montaje demandaba mayor tiempo.
El misterioso visitante llegó con jean, zapatos de tennis, chompa roja y gafas oscuras al terminal de operaciones de la FAE. Una pequeña mochila en su espalda. Su estatura, 1,80 metros. Imponente y preocupado por no hablar castellano.
REVISE TAMBIÉN: Artemis II hace historia: sus tripulantes son los humanos que más lejos han viajado en el espacio
“He venido para aprender”, dijo, más tarde.
Y así ingresaron a la Cueva de los Tayos
A 10 minutos de la Cueva de los Tayos, en helicóptero, se encuentra el destacamento militar de Santiago. El helicóptero seguía el curso de los ríos Santiago y Coangos, hasta llegar al campamento, a 300 metros del ingreso a la cueva.
Armstrong, según reseña el reportaje de Vistazo, vestía un traje de plástico especial para el descenso, botas de campaña.
“Caminaba firme y tenso a la vez... entonces, al pisar una roca húmeda cercana a la Cueva, resbaló, se deslizó unos tres metros en un pie y recobró el equilibrio. El video tape grabó ese instante: el hombre que no falló un movimiento en la luna, trastabilló en la Cueva de los Tayos. La razón es sencilla: su caminata lunar la practicó cientos de veces en la Tierra, lo de ahora era algo diferente, le tomaba casi de sorpresa. El terreno cambia de la Luna a la Tierra”.
REVISE TAMBIÉN: Laika: la perra callejera que falleció al ser enviada al espacio
Cuatro días duró la expedición a Los Tayos
Las enigmáticas cuevas en la región amazónica fueron descritas por varios exploradores en el pasado. Abundante literatura ha especulado sobre su función, su origen y su importancia para civilizaciones pasadas. Desde el padre Carlos Crespi, misionero e investigador, hasta el padre Pedro Porras, pionero de la arqueología en el país.
Cuatro días duró la expedición en la que participó Armstrong, recorriendo las cuevas. El jueves 5 de agosto de 1976, el mismo Armstrong piloteaba la nave que lo llevaría hasta Quito. Allí fue entrevistado por Carlos Vera, quien para la época trabajaba en Ecuavisa y cubrió esta nota para Vistazo.
Destacó la importancia del sitio y sus alrededores, en lo relativo a entomología, ornitología, geología, arqueología y otros campos de la investigación. “Parece haber algo de interés para cada tema de la ciencia”, relató.
“Debo aceptar que se trata de algo impresionante, especialmente en lo relativo a la extensión de los túneles, todo estuvo muy bien organizado”, relievó.
Cuando se le pidió comparar las emociones, la que implicó la llegada a la Luna y la exploración de la cueva, fue contundente: “En ambos casos uno siente que va a zonas desconocidas”.