Laika: la perra callejera que falleció al ser enviada al espacio

La perra moscovita se convirtió en el primer ser vivo en orbitar la Tierra a bordo del Sputnik 2.

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En la cronología de la conquista del cosmos, el nombre de Laika ocupa un lugar tan relevante como el de los grandes cosmonautas. El 3 de noviembre de 1957, esta perra mestiza de carácter dócil hizo historia al tripular el satélite Sputnik 2, transformándose en la primera criatura terrestre en alcanzar el espacio exterior. Sin embargo, su viaje fue, desde el diseño, una sentencia de muerte.

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Bajo la presión del líder soviético Nikita Kruschov por conmemorar el aniversario número 40 de la Revolución Bolchevique con un hito espectacular, los científicos rusos se vieron obligados a acelerar un programa que aún no contaba con tecnología de retorno. Laika, recogida de las calles de Moscú por su resistencia y calma, fue la elegida para la misión.

Los últimos días de Laika en la Tierra

El objetivo oficial del Sputnik 2 era recolectar datos sobre las constantes vitales de un mamífero en condiciones de microgravedad. Aunque anteriormente se habían enviado insectos, la complejidad biológica de un can era necesaria para pavimentar el camino hacia los vuelos humanos.

Vladimir Yazdovsky, director del entrenamiento, recordó años después el lado humano detrás de la fría estrategia soviética: consciente del destino de la perra, la llevó a su hogar días antes del lanzamiento para que jugara con sus hijos. "Quería hacer algo bueno por ella; le quedaba muy poco tiempo de vida", confesó el científico.

La verdad sobre su final

Durante décadas, la versión oficial del Kremlin sostuvo que Laika había sido sometida a una eutanasia programada antes de que el oxígeno se agotara. No obstante, tras la apertura de los archivos soviéticos, se reveló la cruda realidad: el sistema de control térmico de la cápsula falló durante la cuarta órbita.

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Laika murió pocas horas después del despegue a causa de un paro cardíaco provocado por hipertermia, mientras el satélite continuaba su curso inerte. El Sputnik 2 permaneció en órbita durante cinco meses más, hasta desintegrarse en la atmósfera el 14 de abril de 1958.

Un legado de remordimiento

El éxito técnico de la misión fue innegable, pero el costo moral persiguió a sus protagonistas hasta el fin de sus días. Oleg Gazenko, uno de los principales científicos del programa, resumió el sentir de una generación de investigadores: "Cuanto más tiempo pasa, más lamento lo sucedido. Lo que aprendimos de esa misión no fue suficiente para justificar la muerte de la perra".

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Tras el caso de Laika, la URSS cambió su política. Los siguientes ocho canes enviados al espacio viajaron en naves diseñadas para el reingreso, asegurando que el progreso científico no fuera, necesariamente, un viaje de solo ida.

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