Clínica en Cuenca atiende y opera gratis a niños con labio y paladar fisurado

Más de 500 niños fueron atendidos en este espacio de la Universidad Católica de Cuenca y hasta ahora se realizaron más de 380 cirugías reconstructivas.

La Clínica de Labio y Paladar Fisurado de la Universidad Católica de Cuenca nació de una premisa: a los tres meses de vida, un niño con labio fisurado puede recibir una cirugía que cambie la forma de su rostro. Pero la operación solo sería el comienzo. Después vienen años de controles, terapias de lenguaje, tratamientos odontológicos, acompañamiento psicológico y seguimiento médico. Sin eso, el tratamiento queda incompleto.

Bajo esa mirada, este proyecto nació hace más de una década al detectar que se requería un centro especializado para la atención de niños que tienen esta condición, señala Santiago Reinoso, cirujano maxilofacial de la institución.

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Al inicio, el trabajo consistía en organizar cirugías gratuitas con apoyo de instituciones públicas y organizaciones como el Club Rotario. Pero pronto quedó claro que el problema no podía abordarse sólo desde el quirófano.

Con esa visión, el proyecto creció hasta convertirse en una clínica multidisciplinaria integrada por especialistas en Pediatría, Neonatología, Psicología, Ortodoncia, Odontopediatría, Fonoaudiología, Anestesiología y Cirugía Craneofacial. A ellos se suman estudiantes de Medicina, Odontología, Enfermería, Nutrición y Psicología, que participan en los procesos formativos y de vinculación con la comunidad.

La universidad destinó cerca de 160 mil dólares para financiar cirugías y tratamientos, además de equipar las instalaciones. Por eso la atención es completamente gratuita para las familias. La única condición para incluirlos en el programa es que sea un niño con el labio o paladar fisurado.

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Desde que iniciaron, cerca de 560 niños fueron atendidos y se realizaron más de 380 cirugías reconstructivas. Pero las cifras cuentan apenas una parte de la historia. El verdadero impacto se refleja en procesos que duran años. Hay niños que llegaron muy chicos y hoy son adolescentes; algunos que vienen de otras provincias.

Además de atender a los pacientes, el proyecto también es un espacio de formación académica y generación de conocimiento. Así es como lo que empezó como una serie de cirugías solidarias terminó convirtiéndose en algo más amplio: un modelo universitario donde la atención médica, la investigación y la vinculación social trabajan juntas.

Porque reparar una fisura es importante, pero devolver confianza, acompañar a una familia durante años y ayudar a que un niño se integre plenamente a la sociedad puede tener un impacto más profundo y duradero.

  • Quienes deseen acceder a estos servicios, deben acercarse directamente hasta la clínica, ubicada en el campus de la U. Católica, en la avenida de Las Américas y Humboldt, en Cuenca.