Detrás de la tendencia de "farmear aura", que domina los videos de TikTok y las conversaciones entre adolescentes, no hay solo un modismo pasajero, sino una necesidad psicológica y social de pertenencia. Así lo explica Emilio Carrillo, docente de Psicología Clínica de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), en un análisis sociológico sobre por qué la Gen Z y la Gen Alpha recurren a este tipo de conductas para relacionarse entre sí.
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Para el especialista, esta práctica es "una especie de representación subcultural y de relacionamiento en base a las necesidades psicológicas y sociales que se vinculan a los sentidos de pertenencia e integración social". Es decir: los jóvenes no buscan simplemente entretenerse, sino encontrar un lugar dentro de su grupo de pares, algo especialmente sensible en la etapa de la adolescencia.
Carrillo precisa que "no se trata de un baile raro", como muchos adultos podrían pensar al ver los videos. Lo que realmente hacen es generar carisma o respeto en una situación social, a través de acciones que se repiten y que buscan acumular simbólicamente puntos, como en un videojuego, de ahí el verbo "farmear" mientras que el "aura" "se vincula a la seguridad o la vibra que una persona proyecta" ante los demás.
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Una búsqueda auténtica de estatus, carácter y respeto
El análisis sostiene que, en el fondo, estos comportamientos son una forma en que los adolescentes buscan, de manera auténtica, el respeto, la empatía y desarrollar su carácter, en un contexto social donde el estatus dentro del grupo de iguales tiene un peso determinante. Según el docente, la práctica de estos comportamientos implica también la dimensión moral y espiritual de los jóvenes, ya que forma parte de cómo construyen su identidad y sus valores frente a sus pares.
Esa necesidad de reconocimiento social no es nueva, aclara el especialista: históricamente las generaciones de jóvenes han expresado, de forma individual o colectiva, conductas que reflejan aspectos de su identidad. Lo que cambia con los Gen Z y Alpha es el canal, los videojuegos y TikTok, y la velocidad con la que estas expresiones se viralizan y se convierten en competencia.
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De los videos virales a los campeonatos con público y marcas
Carrillo ubica el origen de la tendencia en Indonesia, con una posterior expansión en América que comenzó en Brasil. Lo que nació como clips editados y estéticos en redes sociales terminó trasladándose a la vida real, en forma de desafíos o acciones cotidianas que buscan, según el docente, "una conexión generacional y vinculada a la cultura social". El fenómeno ha escalado a tal punto que ya existen campeonatos oficiales, con espectadores y marketing de por medio.
Por qué no debería alarmar a los adultos
El especialista es enfático en que estas manifestaciones no deben ser entendidas como patológicas o nocivas, sino como "propias del periodo de su edad y desarrollo, que requieren la orientación de los adultos o la familia". Reconoce, eso sí, una tensión generacional: mientras los jóvenes lo viven como una forma genuina de construir su identidad, algunos adultos lo pueden ver como la falta de oficio o de una actividad orientada a su desarrollo laboral, especialmente cuando las dinámicas comerciales ya integran esta lógica dentro de la economía de consumo.
Para Carrillo, el rol de la familia y los educadores no es prohibir esta práctica, sino acompañarla: "una sociedad que debe acompañar, educar y reorientar si fuera necesario en la construcción de la identidad y la vida social de los jóvenes".