Tras el terremoto de magnitud 7,4 del pasado 10 de agosto en Cali, Colombia, un equipo de veterinarios salió de inmediato a las calles para auxilar a los perros y gatos heridos o desorientados tras la tragedia.
Uno de los sectores intervenidos fue el colapsado edificio Ana Pilar, en el barrio Cuarto de Legua. "Desde el minuto uno salimos a los epicentros de crisis e instalamos tres puntos críticos coordinados con los PMU de la ciudad. El panorama era desolador", señaló Miguel Ángel Burbano, líder de la Unidad Administrativa de Protección Animal de Cali (UAEPA).
Muchos animales presentaban cortes por vidrios o quedaron atrapados bajo las ruinas. "Fueron horas eternas de rescates. Tras estabilizarlos, los trasladamos al Centro de Bienestar Animal (CBA), nuestra base de atención", añadió el especialista.
Tratamiento del trauma y emotivos reencuentros tras el sismo
Desde la tragedia, el Centro de Bienestar Animal se transformó en un refugio de larga espera donde decenas de sobrevivientes reciben atención especial a la espera de sus dueños. Según cifras oficiales de la UAEPA, las afectaciones registradas contemplan:
A pesar del ruido constante en el refugio, varios animales permanecen en silencio debido al shock. "Hay médicos veterinarios especializados atendiendo miedos, traumas. Hacen didácticas y terapias para alejarles esa tristeza", contó Estefany Quintero, trabajadora del CBA.
Quintero destacó además la emotividad de las visitas: "Han sido momentos maravillosos, es impactante ver la emoción del animalito y su dueño, ambos felices. Las personas llegan con esperanza, buscando su animal compañero porque, en algunas ocasiones, es lo único que le queda de la casa".
Red ciudadana de apoyo y adopciones
La emergencia también movilizó la solidaridad de la comunidad. Carmen Elena Domínguez Murillo, directora de la UAEPA, confirmó que 86 animales han sido adoptados, lo que ha permitido descongestionar las instalaciones para seguir atendiendo los casos que llegan. "Gracias a toda la ciudadanía por el apoyo en cada punto. La solidaridad se ha hecho sentir, hemos tenido nuestro equipo trabajando muy duro, pero nos han hecho sentir bien y demostrado que ellos también importan", afirmó Domínguez.
La ayuda ha cruzado distancias considerables. María Luz Apio, una voluntaria de 37 años de experiencia en rescate animal, viaja diariamente más de dos horas desde el caserío rural de El Saladito hasta el CBA para cuidar a los refugiados.
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Mientras Cali avanza en los trabajos de reconstrucción, en el Centro de Bienestar Animal docenas de mascotas continúan su propia lucha a la espera de un reencuentro, una identificación o una nueva familia.