El deporte es una oportunidad para cambiar vidas

Hace algún tiempo circuló en redes sociales un video en el que el futbolista español Nico Williams entregaba a su madre una de las medallas más importantes de su carrera. “Yo soy rápido, pero no tanto como mi madre”, dijo. Detrás de esa frase hay una historia de resiliencia.

Su madre, María Arthuer, atravesó a pie el desierto del Sahara desde Ghana hasta España en busca de protección y una oportunidad para reconstruir su vida. En el País Vasco encontró seguridad y, con los años, su hijo pudo desarrollar su talento y construir una carrera profesional. Su historia nos recuerda que detrás de muchos logros deportivos existen trayectorias marcadas por el desplazamiento, el esfuerzo y la esperanza.

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No es un caso aislado. Nestory Irankunda nació en un campo de refugiados en Tanzania, después de que sus padres huyeran de la guerra civil de Burundi. Tras ser reasentada en Australia, su familia encontró la oportunidad de empezar de nuevo. Con el tiempo, Nestory desarrolló su talento futbolístico y llegó al fútbol europeo.

Más cerca de nosotros está la historia de Neisi Dájomes, ecuatoriana e hija de refugiados colombianos. Su medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 marcó un hito para el deporte nacional y demostró cómo el acceso a oportunidades transforma vidas.

Luka Modrić, Alphonso Davies, Awer Mabil y muchos otros deportistas comparten historias atravesadas por conflictos, desplazamiento forzado o la búsqueda de protección. Sus trayectorias muestran que las personas refugiadas no están definidas por las circunstancias que las obligaron a huir, sino por su capacidad de reconstruir sus vidas cuando encuentran un entorno seguro para hacerlo.

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El deporte desempeña un papel fundamental en ese proceso. Más allá de la competencia, crea espacios seguros, fortalece la autoestima, promueve la convivencia y ayuda a construir vínculos. En las canchas, niñas, niños y jóvenes encuentran oportunidades para desarrollar habilidades, recuperar la confianza y proyectar un futuro mejor.

Por eso, desde ACNUR se promueve el deporte como una herramienta de protección e integración. Porque vemos cómo las actividades deportivas acercan a personas refugiadas y comunidades de acogida, fortalecen la cohesión social y contribuyen al bienestar de quienes han tenido que dejarlo todo atrás.

Las historias de grandes atletas son inspiradoras, pero también nos muestran lo que puede ocurrir cuando una persona encuentra protección, apoyo y oportunidades. Trabajemos juntos para fortalecer el deporte como una herramienta de inclusión, para que más niñas, niños y jóvenes, sin importar de donde vengan, desarrollen todo su potencial y se conviertan en agentes de cambio en sus comunidades.