La industria de los destilados en Ecuador atraviesa una metamorfosis histórica. Lo que durante décadas se limitó a la elaboración artesanal de consumo local ha dado paso a un ecosistema de destilerías premium caracterizado por la excelencia técnica, el uso riguroso de materia prima local e ingredientes autóctonos, y la conquista de certámenes internacionales de alto prestigio.
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El pilar fundamental de los destilados ecuatorianos contemporáneos reside en la revalorización de la biodiversidad propia del país, integrando insumos nativos que van desde las zonas milenarias de los Andes hasta los ecosistemas amazónicos y las zonas costeras.
Por ejemplo, en Pomasqui, Pichincha, el proyecto Casa Agave rescató el uso del tzawarmishki (la savia fermentada del agave andino) para la elaboración del miske. Su fundador, Diego Mora, recuerda que esta planta ha estado vinculada a la cultura del país desde épocas antiguas. "La bebida milenaria, de la que hay registros desde la época de la conquista, se obtiene a través de la destilación del chaguarmishqui fermentado, cuyos azúcares son 100 % provenientes de pencos maduros".
Por su parte, Good Omen Distillers, ubicada en La Asunción (San José de Chimbo, provincia de Bolívar), sustenta sus creaciones en el rescate agrícola local. Según explica Manuel Zavala, administrador y maestro destilador de la marca, la firma colabora estrechamente con agricultores de la zona. "La familia Paguay ha logrado conservar y cultivar 26 especies de papas nativas, que nos entregan directamente para producir el vodka de papas púrpuras".
En el ámbito de la innovación botánica, la firma Quentao ha explorado insumos representativos del territorio nacional. Antonieta Montero, su directora creativa, cuestiona que aún teniendo una biodiversidad extraordinaria en Ecuador, gran parte de la industria de bebidas sigue mirando hacia afuera cuando se habla de innovación. Por eso la marca apostó por el açaí, para crear un licor de la fruta amazónica y de la misma forma se buscaron especies y plantas locales para la elaboración de su Ecuadorian Botanical Gin.
La diversificación agroindustrial costera también se manifiesta en Drakon, una línea creada en la Hacienda La Felipa, en Rocafuerte (Manabí). Juan Sebastián Vélez relató a América Economía que el desarrollo de este destilado respondió a una necesidad de dar valor agregado a la fruta tras la crisis logística de 2020. "Había mucha producción de pitahaya y entonces adelantándome a los hechos pensé que era momento de buscar una manera de darle un valor agregado... de ahí surgió la idea de un licor de pitahaya".
Rigor, calidad y proceso productivo en la destilación
El salto cualitativo de la industria nacional se apoya en procesos de producción tecnificados, altos estándares de infraestructura y un enfoque estricto en el aseguramiento de la calidad.
Good Omen Distillers realizó una inversión superior a los tres millones de dólares para instalar infraestructura con estándares globales en la provincia de Bolívar. Su fundador, José Alberto Mancero, destaca que “toda la obra fue diseñada bajo estándares de construcción estadounidenses, sin atajos, con énfasis en seguridad, sostenibilidad ambiental y respeto por el agua, que para la comunidad es sagrada". La destilería cuenta con alambiques tradicionales para whisky y una torre de fraccionamiento de 20 platos para alcohol extraneutro.
En el caso de Drakon, la calidad de la materia prima responde a exigentes certificaciones para exportación y a una rigurosa preparación técnica. Vélez explica que "la materia prima del licor cuenta con certificaciones estrictas como FDA y Global GAP", al tiempo que se formó en la Universidad de Kentucky, Estados Unidos, para perfeccionar la formulación del producto.
Para marcas como Quentao, un pilar central del modelo de negocio de la compañía radica en el impacto social directo en las zonas de recolección. Para su destilado a base de flor de saúco, trabajan de manera directa con comunidades indígenas de Guaranda, Ambato, Ibarra y Otavalo. Esta cadena productiva —que involucra aproximadamente a 100 personas entre recolectores, procesadores y personal técnico— busca fomentar economías circulares locales que aseguren un pago justo por la materia prima campesina.
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Reconocimiento internacional y premios ganados
La consolidación de las destilerías nacionales ha venido acompañada de importantes reconocimientos en certámenes de prestigio en Europa y Estados Unidos:
Casa Agave: Su trabajo de perfeccionamiento del miske le ha permitido obtener premios internacionales de alto nivel. Diego Mora señala que han alcanzado cinco medallas de oro por tener las bebidas más finas de toda América, además de que su centro de interpretación y tour cata ganó como la mejor experiencia creativa en 2024.
Good Omen Distillers: La destilería de Bolívar obtuvo la medalla de oro en la exposición SommCon en Estados Unidos en 2024 para su vodka de papa morada, y nuevamente la medalla de oro en 2025 para su licor de ginebra de hibisco. Asimismo, la empresa es la única destilería del Ecuador y la tercera en Sudamérica aceptada como miembro del London Gin Guild, una de las asociaciones más antiguas y prestigiosas del mundo del gin.
Drakon: En el certamen TAG Global Spirits Award, celebrado en Las Vegas (EE. UU.), Drakon Triple Destilado, obtuvo la medalla de oro y con esa recomendación de expertos estadounidenses se abrieron las puertas para distribuir el licor en ese país. Actualmente poseen 22 medallas ganadas en los cinco continentes.
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Desafíos de la industria local
El crecimiento de la microdestilería en Ecuador ha encontrado en eventos como el Rum & Gin Congress una plataforma clave para su difusión. Impulsado por Raúl Béjar, este encuentro nació hace cinco años tras identificar la falta de espacios dedicados exclusivamente a licores de alta graduación en la región.
La relevancia de este tipo de encuentros, junto a certámenes de evaluación como el Ecuador Spirit Awards, radica en que funcionan como un canal de visibilidad para pequeñas destilerías de autor que no cuentan con grandes presupuestos de comercialización o distribución masiva.
A pesar del crecimiento de la oferta y del reconocimiento obtenido en el exterior, la industria de los destilados en Ecuador enfrenta importantes barreras estructurales, culturales y regulatorias para su consolidación en el mercado interno.
Antonieta Montero enfatiza que el principal obstáculo para los productores locales radica en la percepción del consumidor interno respecto al producto nacional.
Por su parte, Béjar coincide en que persiste una inercia de preferencia por las etiquetas extranjeras. "Todavía encontramos consumidores que tienen presentes las marcas de afuera y desconocen el potencial o la calidad que tenemos acá... les diría a las personas que siempre es importante buscar experiencias. Por eso, cuando vean una cata, cuando vean una experiencia, arriésguense, vayan. No se dejen llevar por un número en la etiqueta”.
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Además, Béjar señala que la penalización legal y publicitaria que sufren los destilados frente a otras industrias de bebidas fermentadas limita su posicionamiento comercial e invisibiliza su impacto socioeconómico.
Montero enfatiza la necesidad de abrir canales comerciales más justos para los nuevos productores de la industria y complementariamente, Béjar subraya la falta de involucramiento de los gobiernos locales para integrar a las destilerías en la oferta turística y productiva regional, ya que "en otros lugares hay mucha gente que va como turista a las cavas, destiladoras, compra y conoce el lugar".
A pesar de las barreras regulatorias y de los prejuicios que aún persisten en el mercado local, la destilería ecuatoriana ha demostrado que cuenta con la materia prima, la técnica y la visión para competir al más alto nivel. El verdadero reto a futuro no estará en la calidad que sale de los alambiques, sino en la capacidad de los consumidores e instituciones nacionales para valorar y respaldar lo que se produce en su propia tierra.