De las calles de la India a una caminata por la paz: Aloka, el perro que cruzó EE. UU. junto a monjes budistas

¿Quién es Aloka, el perro que caminó miles de kilómetros por la paz junto a monjes budistas?

Testimonios

Un perro callejero originario de la India se ha convertido en el símbolo más inesperado de una de las caminatas espirituales más extensas realizadas en Estados Unidos. Su nombre es Aloka y, durante más de tres meses, caminó junto a un grupo de monjes budistas en la llamada “caminata por la paz”, una iniciativa que recorrió miles de kilómetros para promover la paz y la empatía.

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La travesía comenzó el 26 de octubre de 2025 en Fort Worth, Texas, y concluyó el 10 de febrero de 2026 en Washington D. C., tras atravesar varios estados y sumar más de 3.700 kilómetros a pie.

De perro callejero a compañero de ruta

Aloka vivía en las calles de la India cuando se unió por primera vez a una caminata organizada por los mismos monjes en su país natal. Desde entonces, nunca volvió a separarse de ellos. Su presencia, silenciosa pero constante, transformó la dinámica del grupo y se convirtió en un recordatorio viviente de la conexión entre humanos y animales.

Durante el recorrido por Estados Unidos, el perro caminó a diario junto a los monjes, descansó con ellos y apareció en cientos de fotos y videos que rápidamente se viralizaron en redes sociales, donde miles de personas siguieron su historia.

Un mensaje que cruza fronteras

La “caminata por la paz” no fue concebida como una protesta, sino como un acto espiritual y social que busca sembrar valores universales como la compasión, la no violencia y la unidad. En cada ciudad, comunidades enteras se acercaron a saludar a los caminantes, ofrecer alimentos y brindar cuidados, tanto a los monjes como a Aloka.

El perro se convirtió en una figura cercana para quienes seguían la caminata, aportando un componente emocional que conectó con personas de todas las edades.

El fin de la travesía: una ceremonia histórica

Tras 108 días de travesía, la marcha culminó en la Catedral Nacional de Washington, donde se realizó una ceremonia interreligiosa. Allí, Aloka ocupó un lugar central frente al altar, como símbolo de resiliencia, acompañamiento y paz.

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De las calles a los altares, del abandono a la compañía, Aloka demuestra que incluso quienes vienen de los márgenes pueden convertirse en mensajeros de esperanza.

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