Reconocer la ignorancia puede resultar incómodo cuando esperamos tener respuesta para todo. Sin embargo, Wisława Szymborska, galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 1996, convirtió la duda y la curiosidad en el centro de su reflexión sobre el conocimiento y la vida humana.
El 7 de diciembre de ese año, en su discurso titulado El poeta y el mundo, la autora polaca cuestionó qué ocurre cuando dejamos de indagar. Para Szymborska, acumular respuestas resultaba estéril si cerraba la puerta a nuevas preguntas.
Advertía que un conocimiento que no generaba nuevas interrogantes se extinguía rápidamente, incapaz de mantener la temperatura necesaria para sustentar la vida. En los casos más extremos, incluso se convertía en una amenaza letal para la sociedad.
El poder transformador del «no lo sé»
La poeta reivindicó una expresión frecuentemente asociada con la incompetencia y la falta de preparación. Le atribuía un gran poder transformador a esa pequeña frase: «No lo sé». Reconocer los propios límites de conocimiento, lejos de paralizar, permitía seguir avanzando en la búsqueda.
Esa disposición a mantener viva la curiosidad ampliaba la comprensión de lo que sentimos y de lo que nos rodea. Abría espacios para incluir las dimensiones interiores de la existencia y las vastas extensiones exteriores en las que nuestra pequeña Tierra se encuentra suspendida. La pregunta sin respuesta dejaba de ser un fracaso para convertirse en punto de partida.
Cómo la duda reescribe destinos
La curiosidad sostenida puede alterar radicalmente el curso de una vida. Szymborska ilustró esta idea al imaginar una trayectoria alternativa para Marie Sklodowska-Curie, la científica polaca reconocida internacionalmente por sus contribuciones a la ciencia.
Si ella nunca se hubiera permitido decirse a sí misma «no lo sé», probablemente habría enseñado química en algún instituto privado para familias de posición, terminando una carrera respetable pero circunscrita.
Pero continuó cuestionándose y permitiéndose la duda, e esas palabras la llevaron a Estocolmo no una, sino dos veces, donde los espíritus inquietos y exploradores reciben ocasionalmente el reconocimiento Supremo. La disposición de seguir preguntando, en lugar de conformarse con lo conocido, condujo a descubrimientos científicos transcendentales que marcaron el curso de la historia.
Una escritora de la ironía y la precisión
Szymborska fue una poeta cuya obra combinaba el humor, la ironía y una aparente sencillez para abordar grandes interrogantes sobre la existencia humana. Su reconocimiento internacional vino precisamente por esa capacidad de revelar, a través de detalles cotidianos y escenas de la realidad, sus dimensiones históricas y biológicas más profundas.
Su manera de observar lo ordinario invitaba al lector a detenerse, a mirar con atención renovada aquello que pasamos por alto cada día.
Esa precisión irónica le permitía convertir momentos simples en reflexiones sobre nuestra condición, demostrando que las preguntas sin respuesta y la aceptación de nuestros límites son.













