Durante siglos, los agricultores de Nepal han cultivado terrazas en las escarpadas laderas del Himalaya. Ahora, estas comunidades enfrentan un problema que amenaza sus cosechas: el avance de grandes poblaciones de macacos rhesus.
Se estima que más de 100.000 ejemplares afectan las zonas agrícolas, donde encuentran una fuente accesible de alimento. Uno de los principales cultivos perjudicados es el maíz, fundamental para la alimentación y los ingresos de numerosas familias.
Las terrazas agrícolas, construidas en las laderas de las montañas, permiten aprovechar terrenos de difícil acceso para cultivar productos como arroz, mijo, maíz y papa.
Sin embargo, la presencia de los primates ha incrementado las pérdidas en algunas zonas, donde pueden llegar a consumir una parte considerable de la producción de maíz.

El impacto en las comunidades rurales
Los daños provocados por los macacos no se limitan a la reducción de las cosechas. Para las familias que dependen de la agricultura, una menor producción puede significar menos alimentos para el consumo propio y menos excedentes disponibles para la venta.
El problema se agrava por la falta de mano de obra en las zonas rurales. Muchos jóvenes han emigrado a las ciudades en busca de oportunidades laborales, mientras que los agricultores de mayor edad permanecen a cargo de los cultivos.
La reducción de la actividad agrícola también favorece el abandono de algunas terrazas, especialmente las más alejadas de los núcleos habitados. Estos espacios pueden convertirse en zonas de tránsito para los primates, facilitando su llegada a otras áreas cultivadas.
Medidas para proteger los cultivos
Ante esta situación, los agricultores recurren a diferentes métodos para intentar reducir las incursiones. Entre ellos se encuentran el uso de sonidos para ahuyentar a los animales y la instalación de barreras visuales alrededor de los cultivos.
Sin embargo, estas medidas requieren tiempo y vigilancia constante, además de no ofrecer necesariamente los mismos resultados en todas las zonas.
El desafío para las comunidades nepalesas consiste en encontrar estrategias que permitan reducir las pérdidas agrícolas sin agravar el conflicto entre la población y la fauna silvestre.
La protección de las cosechas, junto con políticas que ayuden a mantener la actividad agrícola en las zonas rurales, será clave para preservar este sistema de cultivo tradicional.












