Las alas de un avión terminan cada una con un color diferente de luz: una es verde y la otra, roja. Lejos de ser un adorno, se trata de una marca que facilita ubicar la aeronave en el cielo incluso con poca luz.
Estas luces integran el sistema de navegación aérea, cuyo objetivo es que pilotos y controladores puedan reconocer sin demora el rumbo que sigue una aeronave. La seguridad, sobre todo en vuelos nocturnos, depende en buena medida de este tipo de señales visuales.
Qué indica cada color en las alas
En el lado izquierdo del avión, llamado babor, va instalada la luz roja, mientras que el derecho, o estribor, muestra la verde.
Este esquema de colores se aplica de forma uniforme tanto en la aviación civil como en la militar alrededor del planeta. Ningún avión altera ese orden, y por eso cualquier piloto puede reconocer la orientación de otra aeronave a simple vista, sin necesidad de comunicación por radio.
Por qué existen estas luces
Ubicar a otra aeronave en el aire y anticipar su trayectoria es clave para evitar choques, tanto en pleno vuelo como al desplazarse por las pistas del aeropuerto. Las luces de navegación cumplen justamente esa función: hacer visible la orientación de la aeronave y reducir el riesgo de colisiones marcando dónde termina el avión y hacia dónde apunta.
Otros sistemas de iluminación completan el conjunto. En la cola aparecen luces blancas de posición que marcan la parte de atrás de la aeronave. Destellos rojos que parpadean sobre el fuselaje advierten que el avión está en funcionamiento.
Hay además luces estroboscópicas, que producen intensos destellos blancos para que la aeronave se distinga mejor mientras vuela. Las de aterrizaje, por su parte, superan en potencia a todas las demás y entran en acción sobre todo al despegar y al tomar tierra.
Cómo leer la posición de un avión desde tierra
Quien mira una aeronave de frente ve la luz roja del lado derecho y la verde del lado izquierdo, porque la observa desde el ángulo contrario al que ella avanza. Si el avión se aleja, esa distribución cambia por completo y los colores aparecen invertidos respecto al observador.
Con solo fijarse en esa combinación, cualquier persona con conocimientos básicos de aviación puede deducir en segundos si la aeronave se acerca, se aleja o cruza de costado. Esa lectura rápida es, precisamente, lo que permite mantener distancias seguras entre aviones que comparten el mismo espacio aéreo.
El origen marítimo del código de colores
La elección del rojo y el verde no fue arbitraria: proviene de una convención mucho más antigua que la aviación misma. Los barcos ya usaban ese mismo esquema para marcar babor y estribor, y la industria aeronáutica lo adoptó.
Gracias a ese origen compartido, el lenguaje visual resulta el mismo en un puerto que en un aeropuerto, sin importar el país ni el idioma. Esa universalidad es la que convierte a las luces de las alas en una herramienta de seguridad reconocida en cualquier rincón del mundo.











