Un planeta rocoso más de 23 veces más masivo que la Tierra está poniendo a prueba las teorías sobre la formación de los mundos. Bautizado como GJ 523b, este exoplaneta combina una masa excepcional con una órbita muy inclinada y una envoltura gaseosa aparentemente reducida, características que dificultan explicar su origen y evolución.
El planeta se encuentra a unos 87 años luz de la Tierra y tiene un radio aproximadamente 2,55 veces mayor que el terrestre. Su densidad apunta a una composición predominantemente rocosa y metálica, lo que lo convierte en un caso de interés para los investigadores que estudian las llamadas megatierras.
Una órbita poco habitual
Uno de los aspectos más llamativos de GJ 523b es la inclinación de su órbita respecto al eje de rotación de su estrella. Las estimaciones indican una oblicuidad orbital mínima de aproximadamente 71 grados, una configuración cercana a la polar que se aparta de lo habitual en los sistemas planetarios.
El planeta completa una vuelta alrededor de su estrella cada 17,75 días. Además, el sistema tiene una edad estimada de unos 170 millones de años, por lo que es relativamente joven en términos astronómicos.
Esta trayectoria plantea interrogantes sobre su formación. Los modelos convencionales sugieren que los núcleos rocosos suficientemente masivos pueden atraer grandes cantidades de hidrógeno y helio durante sus primeras etapas. Sin embargo, GJ 523b parece conservar una envoltura gaseosa limitada pese a su considerable masa.

¿Por qué no desarrolló una atmósfera más gruesa?
Los científicos consideran varias hipótesis para explicar las características del planeta. Una posibilidad es que tuviera una atmósfera más espesa en el pasado, pero que la radiación de su estrella eliminara buena parte de los gases ligeros.
Otra explicación plantea que una colisión entre dos protoplanetas fusionó sus núcleos rocosos y expulsó gran parte de sus envolturas al espacio. También es posible que las condiciones del disco de material en el que se formó favorecieran la acumulación de componentes sólidos.
Por ahora, ninguna de estas hipótesis explica de manera concluyente todas las propiedades observadas. La combinación de masa, composición y orientación orbital convierte a GJ 523b en un caso que pone a prueba los modelos actuales de evolución planetaria.
Un caso para investigar la formación de los planetas
El estudio fue liderado por Maxwell Kroft, de la Universidad de Wisconsin-Madison. Para determinar la masa del planeta, el equipo utilizó mediciones de velocidad radial obtenidas con el instrumento NEID, instalado en el telescopio WIYN de 3,5 metros. El objeto había sido identificado previamente como candidato por el satélite TESS de la NASA.
Los resultados se publicaron en el servidor científico arXiv y todavía deben superar la revisión por pares. Nuevas observaciones podrían ayudar a determinar la composición de su atmósfera y esclarecer cómo adquirió su extraña órbita.
El análisis de otros planetas similares también permitirá establecer si GJ 523b es una excepción o forma parte de una población de mundos que todavía no se comprende por completo. Su estudio podría aportar nuevas pistas sobre los procesos que dan origen a los planetas rocosos de gran tamaño.













