Un pedazo de hueso guardado durante décadas en una caja de almacenamiento podría cambiar lo que se sabe sobre los primeros ancestros humanos. El fragmento, catalogado como DNH 127, salió de una cantera en Sudáfrica y tiene cerca de 2 millones de años de antigüedad.
El fragmento pertenecería a un adulto de la especie de la que probablemente descienden los seres humanos modernos. Además, llenaría un vacío que existía desde el hallazgo, en el mismo sitio, del cráneo de un niño de la misma especie.
La investigación estuvo liderada por Jesse Martin, de La Trobe University, en Australia, con colegas de la University of Johannesburg, la University of the Witwatersrand y Washington University.
El fragmento tendría unos 200 mil años más que otros restos de adultos de la especie hallados en Dmanisi, Georgia. Eso convertiría a esta pieza en la evidencia física más antigua conocida de un individuo adulto de este linaje.
Una convivencia desigual entre especies
Hace 2 millones de años, en una cueva al noreste de Johannesburgo, coexistían dos parientes humanos muy distintos entre sí. Uno tenía mandíbulas enormes y molares robustos, adaptado a una dieta que exigía mucha fuerza al masticar.
El otro contaba con un cerebro más grande y dientes más pequeños, y habría sido uno de los antecesores directos de la línea que llevó a la humanidad actual. En el yacimiento de Drimolen, los fósiles de Paranthropus robustus superan en número a los del linaje de cerebro mayor por más de 10 a 1.
Fósiles olvidados en el almacén
La cantera principal de Drimolen fue descubierta en 1992 y está a unos 40 kilómetros al noreste del centro de Johannesburgo, dentro del área que la UNESCO declaró Cuna de la Humanidad. Desde entonces, el lugar ha entregado 119 especímenes de homínidos, el grupo que reúne a los humanos modernos y a sus parientes extintos.
Gran parte de ese material nunca había sido descrito en detalle. El equipo analizó 18 piezas de cráneo y mandíbula excavadas entre 1992 y 2019, casi todas recolectadas por el equipo del investigador Andre Keyser entre 1994 y 1999.
Dos de esos fragmentos habían sido archivados por error como huesos de animales. Martin y su coautor los reconocieron en 2015 dentro de una caja de especímenes de primates y una bolsa de material sin clasificar.
De los 18 fragmentos a una clasificación
De las 18 piezas analizadas, los científicos asignaron 14 a Paranthropus robustus y una al linaje de cerebro mayor. Las tres restantes no pudieron atribuirse con certeza a ningún género específico.
Drimolen ya contaba con un hallazgo anterior: en 2020, un grupo describió DNH 134, la caja craneana de un niño de entre 2 y 4 años, fechada en alrededor de 2,04 millones de años y considerada el fósil más antiguo ampliamente aceptado de esta especie.
David Strait, de Washington University, participó como coautor de ese trabajo y también del nuevo estudio sobre DNH 127.
Lo que distingue al nuevo fragmento
El hueso se compone de tres piezas óseas del lado derecho y la parte posterior del cráneo que encajan justo detrás de la oreja.
A pesar de su tamaño reducido, varios rasgos lo alejan claramente de Paranthropus. La protuberancia detrás de la oreja, llamada apófisis mastoides, aparece solo moderadamente abultada en la pieza, a diferencia de lo que suele verse en el otro linaje.
La costura donde se unen dos secciones del cráneo también resulta reveladora: su trazado recto coincide más con el patrón observado en fósiles de Dmanisi que con el de cualquier Paranthropus conocido.
Esa combinación de detalles llevó al equipo a atribuir DNH 127 al linaje de cerebro mayor, reforzando la idea de que esta especie ya estaba presente en el sur de África hace 2 millones de años.
El fragmento, junto con el cráneo infantil hallado antes en el mismo sitio, aporta ahora una imagen más completa de esta especie en la infancia y la adultez. La pieza se suma al registro fósil reunido en Drimolen desde 1992, un yacimiento que continúa aportando piezas clave para entender la evolución temprana del género humano.













