Un nuevo estudio plantea que los seres humanos podrían llegar a vivir mucho más de 100 años.
A partir de modelos matemáticos, investigadores analizaron hasta qué punto podría extenderse la longevidad si algunas de las principales enfermedades relacionadas con la edad dejaran de ser las principales causas de muerte.
El trabajo, liderado por investigadores del Instituto Skolkovo de Ciencia y Tecnología y del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial de Rusia, sitúa algunas de sus estimaciones muy por encima de los 100 años.
¿Es posible vivir más de un siglo?
Según el modelo, si enfermedades como el cáncer, los infartos y el Alzheimer pudieran controlarse, la vida humana podría prolongarse considerablemente. Las estimaciones apuntan a una longevidad potencial de entre 134 y 170 años.
Una de las variables analizadas es la acumulación de mutaciones somáticas. Estas alteraciones aparecen en las células a lo largo de la vida y pueden afectar progresivamente su funcionamiento.
El desgaste del organismo marca un límite
Aunque se reduzcan las enfermedades asociadas con la edad, el organismo seguiría experimentando cambios celulares y deterioro de sus tejidos.
El estudio analiza este proceso mediante el concepto de entropía, utilizado para describir el deterioro progresivo de los sistemas biológicos. Desde esta perspectiva, controlar las enfermedades no eliminaría todos los mecanismos relacionados con el envejecimiento.
¿Hasta dónde podría llegar la longevidad?
Los investigadores también calcularon distintos límites según las condiciones consideradas en el modelo. En determinados escenarios matemáticos, la vida humana podría alcanzar cifras cercanas a los 470 años.
Sin embargo, al incorporar otros factores biológicos, especialmente el deterioro progresivo del organismo y del cerebro, el límite estimado se sitúa alrededor de los 156 años.
Estos resultados muestran que la longevidad humana podría tener un margen de expansión considerable si se redujeran las principales causas de muerte relacionadas con la edad, aunque seguirían existiendo restricciones derivadas del propio funcionamiento del organismo.
La investigación abre nuevas posibilidades para estudiar cuánto podría prolongarse la vida humana y qué procesos biológicos determinan ese límite.












