El telescopio espacial Nancy Grace Roman de la NASA está programado para despegar el 30 de agosto de 2026 y observar un área del cielo 200 veces más amplia que la que capta el Hubble. La diferencia entre ambos observatorios también se refleja en la generación de datos: el Hubble lleva 35 años recopilándolos y ha acumulado aproximadamente 400 terabytes.
Mientras que el nuevo observatorio podría generar 500 terabytes en un solo año.
Un diseño para nuevas preguntas
El observatorio fue ensamblado en el Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA. Una sola exposición cubre un área del cielo 200 veces mayor que la que puede captar el Hubble. Esa cobertura amplía el tipo de preguntas científicas que pueden formularse.
A diferencia del Telescopio Espacial James Webb, que se especializa en el infrarrojo lejano, Roman operará en luz visible e infrarroja cercana. Su instrumento de campo amplio sacrifica algo de resolución a cambio de una cobertura mucho mayor, una compensación que permite captar eventos fugaces como ráfagas de radio y supernovas.
Descubrimientos sin límites predefinidos
El enfoque panorámico permite hallazgos que nadie planeó, puesto que el telescopio no necesita apuntar con precisión a un objetivo específico para captar algo en el campo visual. Mientras que un instrumento estrecho solo encuentra aquello hacia lo que fue dirigido, uno amplio sigue capturando lo que sucede en los alrededores.
A lo largo de la misión, esta cobertura se acumula. Cada exposición que cubre más cielo también ofrece la oportunidad de captar algo inesperado.
Explorando los misterios del universo
Roman fue diseñado para investigar las partes del universo menos comprendidas. Al mapear miles de millones de galaxias en tres dimensiones, el observatorio rastreará la expansión cósmica y la distribución de la materia oscura.
La profundidad importa tanto como la amplitud, ya que un mapa plano del cielo revela poco sobre cómo las estructuras se han separado a lo largo del tiempo cósmico.
Los científicos esperan que esto permita precisar las propiedades de la energía oscura, que representa el 68% del universo y sigue siendo inexplicable. El telescopio también medirá las distorsiones gravitacionales producidas por la materia oscura, ofreciendo pistas sobre una sustancia cuya naturaleza aún se desconoce.
Visión directa de mundos distantes
Un coronógrafo a bordo del observatorio bloqueará el resplandor de las estrellas para que los exoplanetas puedan ser fotografiados directamente. El desafío no es tanto la distancia, sino el contraste, ya que un planeta se sitúa junto a una fuente de luz enormemente más brillante que él mismo.
El instrumento puede detectar planetas 100 millones de veces más débiles que la estrella que orbitan, un rendimiento entre 100 y 1.000 veces superior al de los coronógrafos espaciales actuales. Podrá observar luz reflejada por planetas comparables a Júpiter en tamaño y temperatura, abriendo un camino hacia el estudio de sus atmósferas.
Preparativos y pruebas exhaustivas
Los preparativos incluyeron simulaciones de vibración y pruebas de resistencia a temperaturas extremas y ruido intenso para confirmar que el observatorio puede resistir su propio lanzamiento. Los equipos han verificado los últimos sensores y comprobado que los escudos térmicos cierren correctamente.
El telescopio ya ha llegado a Florida, donde los técnicos terminaron de cargar 1.100 litros de hidracina en sus tanques. Este combustible permitirá que el observatorio maniobre durante su viaje y mantenga su órbita una vez llegue a destino.
Se espera que la puesta en servicio tome varios meses, durante los cuales el telescopio se enfriará, se alineará y se calibrará antes de comenzar sus operaciones científicas.













