Ecuador enfrenta una crisis habitacional estructural que va más allá de la falta de viviendas: el principal problema es la imposibilidad de pagarlas.
Según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el 80% de la población no puede acceder a una vivienda formal, lo que evidencia una profunda brecha entre los ingresos de los hogares y los precios del mercado inmobiliario.
El déficit habitacional alcanza al 46,2% de las familias, lo que equivale a unos 2,34 millones de hogares sin una solución adecuada. Sin embargo, especialistas advierten que el problema no radica únicamente en la cantidad de viviendas disponibles, sino en su accesibilidad económica.
Ingresos bajos frente a precios elevados
Uno de los factores clave es el bajo nivel de ingresos. Actualmente, cerca del 32,3% de los hogares ecuatorianos percibe hasta un salario básico, con ingresos promedio alrededor de 562 dólares mensuales.
En contraste, el precio promedio de la vivienda se sitúa en torno a 1.200 dólares por metro cuadrado, lo que deja fuera del mercado a la mayoría de la población.
Por ejemplo, un hogar de bajos ingresos puede pagar una vivienda de apenas $18.475; mientras que los precios del mercado están muy por encima de ese nivel. Esta diferencia refleja una brecha estructural que impide transformar la demanda en acceso efectivo a vivienda.
La costa concentra la mayor parte del problema
La problemática tiene además un fuerte componente territorial. La región costa concentra alrededor de dos tercios del déficit habitacional del país, tanto en términos de viviendas faltantes como en condiciones inadecuadas. Provincias como Guayas y Manabí figuran entre las más afectadas.
Retos para la política pública
A pesar de que el Gobierno ha impulsado incentivos y ha declarado 2026 como el “año de la construcción”, los expertos advierten que el crecimiento del sector no necesariamente se traduce en soluciones para los segmentos más vulnerables.
La mayoría de la demanda se concentra en vivienda de interés social, especialmente entre los hogares de menores ingresos.
En este contexto, el desafío para Ecuador no es solo construir más viviendas, sino garantizar que sean económicamente accesibles, de modo que la oferta existente pueda responder a la demanda real de la población.





