Mientras el Monte Everest, la montaña más alta sobre el nivel del mar, alcanza los 8.849 metros de altura, existe en el planeta un punto cuya profundidad supera esa cifra.
Ubicada en el noroeste del océano Pacífico, la Fosa de las Marianas alcanza unos 10.984 metros de profundidad en su zona más profunda conocida, el Abismo Challenger.
La diferencia permite dimensionar la magnitud de uno de los lugares más extremos de la Tierra.
La profundidad de las Marianas
El Monte Everest comenzó a ser identificado y medido con mayor precisión durante las expediciones de reconocimiento del siglo 19.
La Fosa de las Marianas, por su parte, fue estudiada científicamente por primera vez en 1875, durante la expedición del HMS Challenger, que realizó mediciones de profundidad en la zona.

Reproducción: Wikipedia/I, Kmusser
La comparación entre ambos lugares es llamativa. Si el Everest pudiera colocarse en el Abismo Challenger, su cima todavía quedaría a más de 2.000 metros por debajo de la superficie del océano. Esta diferencia convierte a la Fosa de las Marianas en el punto más profundo conocido de la superficie terrestre.
Las condiciones extremas del abismo
En el Abismo Challenger no llega la luz solar y la presión del agua es extremadamente elevada, mientras que las temperaturas se mantienen cerca del punto de congelación.
A pesar de estas condiciones, diferentes expediciones han demostrado que existen organismos capaces de sobrevivir en las profundidades.
La primera inmersión tripulada al Abismo Challenger tuvo lugar en 1960, cuando Jacques Piccard y Don Walsh descendieron hasta el fondo a bordo del batiscafo Trieste.
Desde entonces, vehículos tripulados y no tripulados han permitido estudiar con mayor detalle la geología y las condiciones ambientales de esta región.
Qué se busca en las profundidades
Las investigaciones en la Fosa de las Marianas no se limitan a determinar su profundidad. Los científicos también estudian los organismos que habitan estos ambientes y los mecanismos que les permiten soportar una presión tan elevada.
Entre los seres encontrados en las grandes profundidades se encuentran microorganismos, anfípodos y otros organismos adaptados a condiciones que serían incompatibles con la mayoría de las formas de vida de la superficie.
El estudio de la fosa también aporta información sobre la actividad geológica de la zona de subducción donde se encuentra. Comprender estos procesos ayuda a ampliar el conocimiento sobre los terremotos y otros fenómenos asociados a la dinámica de las placas tectónicas.
A medida que avanzan las tecnologías de exploración submarina, nuevas misiones pueden aportar información sobre la geología y la vida en las mayores profundidades del océano.
La Fosa de las Marianas continúa siendo, por ello, uno de los principales escenarios para estudiar los límites de la vida y la estructura del planeta.













