La actividad humana ha dejado señales inequívocas en el clima del planeta, y ya es prácticamente imposible negar su impacto. Una revisión exhaustiva de investigaciones científicas, realizada por expertos de varias universidades, demuestra que la evidencia del calentamiento causado por el ser humano es mucho más sólida ahora que hace casi dos décadas.
En 2009, la Agencia de Protección Ambiental determinó que los gases de efecto invernadero representan un peligro para la salud pública. Aunque esa decisión fue revocada en febrero de 2026, los investigadores concluyen que el respaldo científico del hallazgo original es ahora mucho más fuerte y difícil de refutar.
Cómo reconocen Los científicos la huella del cambio climático
Los investigadores emplean un método denominado «huella digital del clima» que compara patrones específicos de calentamiento. El Sol, los volcanes y los gases de efecto invernadero alterarían la atmósfera de formas distintas. Por eso, los científicos verifican qué patrón coincide con las mediciones observadas en la atmósfera y en la superficie terrestre.
La revisión, encabezada por Benjamin Santer, investigador de la Universidad de East Anglia en el Reino Unido. Contó con colaboradores del MIT, Colorado State University, la Universidad de Washington y la Universidad de Edimburgo.
Si todo el calentamiento global desde 1850 proviniera únicamente de un aumento natural en la energía solar. Deberíamos ver un patrón de calentamiento que se extendiera desde la superficie hasta 50 kilómetros de altura. Las mediciones revelan algo completamente distinto: la capa más baja de la atmósfera se calienta, mientras que la estratosfera, la capa superior, se enfría.
El dióxido de carbono adicional retiene más calor en la atmósfera inferior y también facilita que la estratosfera pierda calor hacia el espacio. La pérdida de ozono causada por actividades humanas intensifica aún más ese enfriamiento de la capa superior.
La predicción de hace seis décadas que confirmó la teoría
Dos climatólogos, Syukuro Manabe y Richard Wetherald, predijeron en 1967 este patrón específico utilizando un modelo climático simple, décadas antes de que existieran los datos para confirmarlo. Las mediciones posteriores obtenidas con globos meteorológicos y satélites coincidieron exactamente con la predicción.
Manabe compartió el Premio Nobel de Física en 2021 con Klaus Hasselmann por desarrollar los métodos para identificar estas huellas digitales del cambio climático.
Señales de calentamiento humano van mucho más allá de las temperaturas
En 1995, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático llegó a la conclusión de que la evidencia sugería una influencia humana discernible en el clima global. Esa conclusión se basaba entonces en un número reducido de estudios enfocados principalmente en las temperaturas superficiales.
Desde 2009, los investigadores han encontrado patrones causados por el ser humano en cambios de salinidad oceánica, cobertura de nieve en el hemisferio norte, cobertura de nubes y sequías. También han identificado estas marcas en el momento en que los principales ríos del oeste estadounidense alcanzan sus caudales máximos.
Los investigadores han detectado este cambio en la atmósfera inferior, en la superficie marina y en las capas oceánicas superiores.













