Un grupo de investigadores de la Curtin University, en Perth, descubrió una pista inédita sobre la alimentación de la ballena de Omura frente a las costas australianas. El equipo hizo el hallazgo al escuchar los cantos submarinos de este cetáceo esquivo, del que apenas existen avistamientos directos.
El equipo detectó los llamados con mayor frecuencia en aguas cálidas, sobre todo en zonas donde habían proliferado algas microscópicas unas semanas antes. Ese desfase temporal podría explicar cómo este gigante marino consigue alimento durante todo el año sin emigrar hacia mares fríos.
Un animal que no emigra
La mayoría de las ballenas se trasladan entre zonas frías de alimentación y aguas templadas de reproducción, consumiendo las reservas de grasa acumuladas durante el viaje. La ballena de Omura rompe ese patrón: permanece en los trópicos durante todo el año, lo que plantea una pregunta difícil de responder sin avistamientos: dónde y cuándo logra comer lo suficiente.
La especie fue reconocida como tal recién en 2003, después de haber sido confundida durante años con una variante pequeña de la ballena de Bryde, su pariente cercana.
Gran parte de lo que se sabe sobre su comportamiento proviene de una población ubicada frente a las costas del noroeste de Madagascar. Mientras que su presencia en aguas australianas sigue siendo difícil de documentar de forma visual.
El canto como herramienta de rastreo
Ante la escasez de avistamientos, el sonido se convirtió en el principal recurso para localizar a estos animales. El llamado característico consiste en una secuencia de dos partes que dura unos 15 segundos, con tonos tan graves que superan incluso la nota más baja de un piano.
Ciara Browne, estudiante de doctorado en la Curtin University, encabezó la revisión de grabaciones obtenidas en 35 sitios distintos entre 2005 y 2023. El equipo reutilizó archivos sonoros de otros proyectos y empleó software para identificar posibles llamados, aunque cada detección fue verificada manualmente antes de confirmarse.
Ciara Browne dijo a Earth que estudiar a la ballena de Omura resulta especialmente complejo porque los avistamientos directos son escasos. Por eso, registrar sus sonidos ofrece una vía importante para entender dónde habita la especie.
La conexión con las algas y el alimento
Las algas microscópicas no son en sí mismas el alimento de estos cetáceos, sino el primer eslabón de una cadena. Pequeños organismos se alimentan de ellas y, a su vez, podrían convertirse en presa de las ballenas que recorren esas aguas.
Para rastrear ese vínculo, los científicos recurrieron a mediciones satelitales de clorofila, el pigmento verde presente en las algas. Las lecturas del mismo día de cada grabación no mostraron ninguna relación evidente con la presencia de cantos.
Al revisar los datos de los 30 días anteriores, los investigadores encontraron una relación: niveles más altos de algas un mes antes coincidieron con una mayor probabilidad de escuchar ballenas. Esto sugiere que el alimento tarda semanas en recorrer la cadena alimentaria oceánica.
Cuándo y dónde cantan más
Los pequeños organismos que se alimentan de algas podrían necesitar ese mismo intervalo para multiplicarse antes de convertirse en presa. Frente a Madagascar se observó una secuencia parecida, donde la proliferación de algas antecedió la aparición de krill, los diminutos crustáceos que atraen a estos animales para alimentarse.
Las grabaciones registraron cantos en todos los meses del año, aunque la actividad más intensa se concentró entre septiembre y mayo. Los llamados se volvieron menos frecuentes durante el invierno del hemisferio sur, de junio a agosto, mientras que entre enero y marzo se registró la mayor probabilidad de escucharlos.
El papel de la temperatura del agua
Los modelos elaborados por el equipo mostraron que la probabilidad de detectar cantos aumentaba cuando la temperatura superficial superaba los 27,5 °C. Enero a marzo fueron los meses con mayores posibilidades, durante el invierno, las grabaciones ubicaron a más ejemplares cantando hacia el norte, en dirección al ecuador.
Los grabadores instalados en el Golfo Joseph Bonaparte y frente a la costa de Kimberley captaron llamados durante todo el año. Posiblemente porque esas aguas del norte se mantienen cálidas incluso en invierno.
Los modelos indicaron además que la mejor probabilidad de escuchar ballenas ocurría aproximadamente a 200 kilómetros de la costa, sugiriendo que la plataforma continental de Australia y su borde exterior podrían ser hábitats importantes para estas especies.
El cruce entre datos acústicos y mediciones satelitales abre una vía poco explorada para estudiar animales que rara vez se dejan ver. En el caso de la ballena de Omura, escuchar su canto terminó revelando más sobre su forma de sobrevivir en los trópicos que décadas de intentos por avistarla.
¿Por qué los científicos escuchan a la ballena de Omura en lugar de buscarla visualmente?
Porque verla es extremadamente raro, especialmente en aguas australianas. La especie fue reconocida como una especie aparte apenas en 2003, después de haber sido confundida durante años con una variante más pequeña de la ballena de Bryde. En cambio, su canto es una herramienta confiable: emite una secuencia característica de dos partes que dura unos 15 segundos.
Con tonos tan graves que superan incluso la nota más baja de un piano. El equipo de la Curtin University aprovechó grabaciones de 35 sitios distintos recopiladas entre 2005 y 2023, reutilizando archivos de otros proyectos de investigación marina. Aunque usaron software para identificar posibles llamados, cada detección fue verificada manualmente antes de confirmarse.













