En 1923, el pescador Juan Cuevas Ramírez desembarcó junto a su esposa Paula en un islote rocoso del Golfo de California, en el Mar de Cortés. El Pardito no tenía agua potable ni vecinos, pero ofrecía algo que él buscaba con desesperación: abundancia de peces.
Un siglo más tarde, la decisión de instalarse en una isla de apenas una hectárea convirtió a El Pardito en un destino que atrae visitantes de distintos puntos de Baja California Sur. Sus descendientes combinan hoy la pesca tradicional con el turismo.
Un refugio elegido entre varios islotes
La elección de ese pedazo de tierra no fue al azar. Según contó, ya anciano, uno de los hijos del fundador, su padre recorrió distintos puntos del Mar de Cortés en busca de un sitio sin mosquitos antes de asentarse definitivamente.
Las condiciones eran duras desde el primer día: sin agua dulce ni provisiones cerca, la pareja dependía por completo de un bote con remos y vela para trasladarse entre las islas. Cada salida exigía calcular el viento, porque los trayectos por esas aguas no eran sencillos.
Más tarde, embarcaciones equipadas con plantas desalinizadoras ayudaron a resolver el problema del agua potable.
Nueve hijos y un oficio heredado
Juan y Paula formaron una familia numerosa: tuvieron nueve hijos que crecieron entre la pesca y el aislamiento. El pescador también tuvo siete hijos con una mujer de otra isla, y Paula terminó criándolos junto con sus propios hijos.
Cada descendiente aprendió oficios imprescindibles para sobrevivir en ese entorno, como producir cal a partir de conchas de caracol para levantar las viviendas. Esa técnica artesanal pasó de generación en generación y todavía forma parte de la identidad familiar.
De la pesca al turismo de nicho
Con los años, la familia entendió que la pesca no bastaba para sostener por sí sola a las nuevas generaciones. Por eso, decidió abrir la isla a quienes querían conocer una forma de vida cada vez más rara en el mundo.
Los paseos en lancha y el buceo con esnórquel transformaron la isla y permitieron que la familia se adaptara una vez más a sus necesidades.













