En 2001, Estados Unidos comenzó a hundir antiguos vagones del metro de Nueva York en el océano Atlántico para crear arrecifes artificiales. Veinticinco años después, 714 unidades forman parte de Redbird Reef, un proyecto situado frente a las costas de Delaware que ofrece refugio a distintas especies marinas.
Los vagones, conocidos como Redbird, habían circulado por Nueva York desde la década de 1960 hasta que quedaron fuera de servicio.
En lugar de destinarlos únicamente al desguace, las autoridades decidieron reutilizarlos para crear estructuras submarinas en una zona de fondo arenoso, donde escasean las superficies rocosas que muchos organismos necesitan para establecerse.
Cómo prepararon los vagones para hundirlos
La iniciativa comenzó en agosto de 2001, cuando los primeros 20 vagones fueron trasladados desde Nueva York hasta Delaware. Durante los años siguientes, se incorporaron más unidades hasta alcanzar un total de 714.
Antes de sumergirlos, se retiraron asientos, ventanas, puertas, grasas y otros materiales que podían desprenderse o perjudicar el entorno marino. Sin embargo, el proyecto también generó controversia por la presencia de amianto en algunos vehículos, cuya manipulación exige precauciones.

Una vez depositados a unos 24 metros de profundidad, los vagones comenzaron a funcionar como superficies de asentamiento para organismos marinos.
Qué especies encuentran refugio en el arrecife
Los arrecifes artificiales proporcionan superficies donde pueden instalarse mejillones, esponjas y otros invertebrados. Estas comunidades generan fuentes de alimento que atraen a distintas especies de peces.
Entre los animales presentes en la zona se encuentran la lubina negra y el tautog, dos peces característicos del Atlántico noroccidental. Los huecos y las cavidades de las estructuras también ofrecen protección frente a los depredadores.

En 2008, Jeff Tinsman, responsable del programa de arrecifes artificiales de Delaware, señaló que el arrecife presentaba una cantidad de alimento marino por unidad de superficie 400 veces superior a la registrada en fondos arenosos cercanos.
El caso de Redbird Reef muestra cómo una infraestructura urbana puede adquirir una función ambiental después de quedar obsoleta. Sin embargo, este tipo de proyecto requiere preparar adecuadamente los materiales y evaluar sus posibles efectos sobre el ecosistema.













