Un gigante de acero inoxidable y varios pisos es la carta de SpaceX para devolver astronautas a la superficie lunar: la versión HLS (Human Landing System) de la Starship, elegida por la NASA como pieza central del programa Artemis.
El tamaño y la reutilización de este vehículo rompen con todo lo construido hasta ahora para alunizar tripulaciones. Compararlo con el módulo Apolo, mucho más pequeño, ayuda a entender la magnitud del salto técnico que propone la iniciativa.
Un vehículo mucho más grande que el Apolo
La estructura alberga laboratorios, áreas de trabajo y ascensores internos para bajar a la superficie de la Luna. Esa cantidad de espacio habitable no tiene precedentes en una misión de este tipo.
La capacidad de carga y la posibilidad de reutilizar buena parte del vehículo cambian la lógica económica de este tipo de viajes. Por esa combinación de atributos, la NASA definió a la HLS como uno de los pilares del programa Artemis.
El reto de cargar combustible en el espacio
Despegar desde la Tierra con los tanques llenos resulta inviable por el peso que implicaría transportar tanto combustible. Ante ese límite físico, SpaceX diseñó un esquema de reabastecimiento fuera de nuestro planeta.
Primero, un depósito debe quedar en órbita baja, e después, un número indeterminado de naves cisterna despega en rápida sucesión para transferir cientos de toneladas de metano y oxígeno líquido criogénico.
Evitar que ese combustible se pierda por ebullición debido a la radiación solar es uno de los mayores retos técnicos que la NASA supervisa de cerca mientras se completa la carga.
El encuentro con la cápsula Orión
Desde la Tierra, la tripulación viaja hasta la órbita lunar a bordo de la cápsula Orión, antes de pasar a la nave de SpaceX. Dos astronautas trasladan entonces su equipo al vehículo más grande para iniciar el descenso hacia el polo sur lunar.
Una vez terminada la actividad en el suelo lunar, el regreso ocurre en sentido inverso: el despegue devuelve a los tripulantes hasta la cápsula Orión, que los espera en órbita. Ese reencuentro garantiza el regreso seguro a la Tierra.
El éxito de todo el esquema depende de que SpaceX resuelva primero el reabastecimiento orbital, el paso más delicado de la misión. Sin el combustible transferido en el espacio, la nave diseñada junto a la NASA no podría completar el viaje hasta el satélite natural.













