Competir en la Fórmula 1 después de cumplir 40 años requiere una adaptación constante del cuerpo. A los 45, Fernando Alonso sigue enfrentando el desafío físico de una de las categorías más exigentes del deporte mundial. Donde las fuerzas en las curvas y frenadas alcanzan magnitudes que pocos atletas experimentan en sus carreras.
El cambio más significativo en su preparación llegó cuando tenía 33 o 34 años. En ese momento, Alonso notó que su cuerpo respondía de manera diferente a los entrenamientos y decidió reducir drásticamente el trabajo cardiovascular para aumentar la musculación.
Según explicó, entrenar a los veinte años es diferente que hacerlo a los cuarenta. Alonso vinculó esa diferencia con la pérdida gradual de masa muscular que acompaña al envejecimiento.
Cómo organiza su rutina de entrenamiento
La intensidad varía según el calendario de competencias, e cuando no hay carreras programadas, Alonso dedica entre 4 y 5 horas diarias a su preparación física. Su plan incluye sesiones de cardio dos o tres días por semana —bicicleta. Natación o running—, tres jornadas de trabajo con pesas orientadas al fortalecimiento del tren superior y ejercicios específicos de cuello.
Durante la temporada competitiva, reduce esa carga a aproximadamente 2 horas diarias. Así mantiene la condición física sin acumular una fatiga que pueda comprometer su desempeño en pista. El objetivo es conservar la fuerza y la resistencia sin sacrificar la recuperación.
El cuello como prioridad en el entrenamiento
Uno de los focos más específicos de Alonso es el fortalecimiento cervical. Durante las carreras, los pilotos soportan aceleraciones de hasta 5G —cinco veces la gravedad—, una carga que solo el cuello puede distribuir. Para contrarrestar esa presión, utiliza pesas y bandas de resistencia en ejercicios dedicados exclusivamente a esta zona.
En esa entrevista, el piloto reconoció que este trabajo no resulta cómodo, pero lo consideró imprescindible porque el cuello es la parte más importante de un piloto. La edad no ha modificado esa prioridad; solo ha confirmado su necesidad.
Su trayectoria muestra que adaptar el entrenamiento a cada etapa de la vida, respetar los límites del envejecimiento y reforzar lo esencial favorecen la longevidad en el deporte de élite.
Más allá de las pesas y el cardio
La preparación de los pilotos de F1 no se limita al trabajo de músculos y resistencia. También utilizan máquinas de entrenamiento isocinético, en las que la resistencia aumenta cuando el piloto intenta moverse más rápido, e esto permite controlar con precisión el esfuerzo.
Además, entrenan con el tablero Batak, un panel cuyas luces LED se encienden al azar para medir la coordinación mano-ojo y la velocidad de reacción. El piloto debe golpear cada luz lo más rápido posible.













