Dormir bien puede estar relacionado con el rendimiento escolar y la salud mental durante la adolescencia.
Un estudio analizó diferentes hábitos de vida y encontró una asociación relevante entre la calidad del sueño y varios indicadores del bienestar de niños y adolescentes.
La investigación, publicada en la revista científica Psychological Medicine, utilizó datos de participantes de entre 10 y 13 años incluidos en el estudio Adolescent Brain Cognitive Development (ABCD), uno de los mayores proyectos sobre desarrollo cerebral durante la infancia y la adolescencia.
Los investigadores analizaron factores como el sueño, el tiempo frente a pantallas, la actividad física y la alimentación, además de indicadores relacionados con depresión, ansiedad y experiencias similares a la psicosis.
El sueño tuvo una relación destacada
Entre los hábitos estudiados, la calidad del sueño mostró algunas de las asociaciones más importantes con los indicadores analizados.
Representó el 18,5 % de la asociación observada con los síntomas de depresión, el 36,3 % con la ansiedad y el 8,3 % con las experiencias similares a la psicosis.
El papel de las pantallas
El tiempo dedicado a dispositivos electrónicos también fue considerado. Su participación en las asociaciones analizadas fue menor: 6,3 % para la depresión, 5 % para la ansiedad y 6,2 % para las experiencias similares a la psicosis.
Además de la cantidad de horas, los investigadores consideran relevantes factores como el momento del día en que se utilizan los dispositivos y si su uso interfiere con el descanso.
Los resultados no apuntan a una única causa
El estudio no concluye que mejorar el sueño pueda solucionar por sí solo problemas escolares o emocionales. El desarrollo de los adolescentes está influido por diversos factores, entre ellos el entorno familiar, la vida social, la escuela y las características individuales.
Los autores señalan que serán necesarios estudios de intervención para comprobar si modificar determinados hábitos de sueño puede producir cambios directos en el rendimiento académico y otros aspectos del desarrollo.
Los resultados, sin embargo, refuerzan la importancia de considerar el descanso dentro de una rutina saludable durante una etapa marcada por importantes cambios físicos, emocionales y cognitivos.













