El Atlántico alcanzó el 10 de septiembre de 2026 —la fecha que marca el pico tradicional de la temporada de huracanes— sin producir un solo huracán.
La actividad ciclónica acumulada apenas representa el 7% de lo esperado para esta época. No se registraba un escenario así desde hacía 85 años: en septiembre de 1941, el océano experimentó una calma similar.
Cinco tormentas tropicales se formaron durante estos meses, pero ninguna superó los 119 kilómetros por hora, el umbral mínimo para alcanzar la categoría de huracán. Aunque aún quedan dos meses de temporada, la ausencia de estos eventos extremos ya marca un hito histórico en los registros modernos de la región.
El Pacífico controla lo que ocurre en el Atlántico
La explicación de esta anomalía climática está en el Pacífico ecuatorial, donde un episodio de El Niño de intensidad extraordinaria reorganiza la circulación atmosférica en todo el planeta. Este fenómeno deshace las tempestades antes de que ganen fuerza suficiente para convertirse en huracanes.
Al alterar la circulación atmosférica, El Niño actúa como una barrera que impide que las tormentas tropicales se consoliden y acumulen la energía necesaria para intensificarse.
Lo peligroso está bajo la superficie
La tranquilidad visible del océano esconde un fenómeno inquietante: el mismo proceso atmosférico que destruye las tormentas también bloquea el mecanismo natural de liberación térmica. Normalmente, los huracanes actúan como válvulas de escape y transfieren grandes volúmenes de calor desde las aguas profundas hacia la atmósfera.
Sin esa liberación, el Atlántico acumula energía térmica bajo la superficie. El calor no desaparece, sino que permanece allí hasta que las condiciones atmosféricas permiten su escape.
Los datos históricos muestran el patrón: en los años dominados por El Niño, el Atlántico registró un promedio de alrededor de cinco huracanes. En los años bajo la influencia de La Niña —su contraparte, que genera aguas más frías—, la cifra se acercó a nueve.
Qué esperar en las próximas semanas
Aunque restan aproximadamente dos meses de temporada, ningún especialista da por concluida la temporada de 2026. La energía acumulada bajo las aguas podría liberarse mediante eventos tardíos si las condiciones atmosféricas cambian antes del cierre de la temporada.
El fenómeno de 2026 ilustra cómo los sistemas climáticos globales están interconectados: lo que sucede en el Pacífico ecuatorial determina la intensidad de tormentas a miles de kilómetros. El Atlántico acumula calor y energía bajo la superficie, que podrían liberarse cuando las barreras atmosféricas se debiliten.













