El mundo actual exige cada vez más, y la ansiedad se ha convertido en una pandemia silenciosa. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 260 millones de personas en el planeta padecen trastornos de ansiedad. La anticipación —el miedo a lo que aún no llega o a lo que quizá nunca llegue— desencadena muchos de estos trastornos.
Hace más de 2.000 años, el filósofo romano Lúcio Aneu Séneca ya enfrentaba este mismo problema. Su solución, contenida en las «Cartas a Lucilio», sigue siendo válida hoy: comprender que sufrimos más en la imaginación que en la realidad, entender cómo funciona la previsión afectiva negativa, y que vivir el presente es la clave para escapar de la ansiedad.
Por qué nuestro cerebro genera tanta ansiedad
El cerebro procesa alrededor de 60 mil pensamientos cada día. De esos, el 95% son involuntarios y, entre ellos, el 80% tiene un contenido negativo, según explica la psicóloga Carmen Ochoa. Esta tendencia no es un defecto moderno: viene de nuestra evolución.
Desde el punto de vista evolutivo, el cerebro fue diseñado para sobrevivir y permanecer siempre alerta ante los peligros del pasado y los miedos del futuro. Este pesimismo se instala en la mente y genera ciclos de pensamiento negativo.
Cuando esos pensamientos se repiten, se transforman en rumiación cognitiva: darle vueltas a lo malo que sucedió o a lo que imaginamos que sucederá.
La trampa del sufrimiento anticipado
Durante la rumiación, la atención queda atrapada en algo que puede ser real o no, lo que genera estrés y ansiedad, según la psicóloga Iria Reguera.
Séneca lo expresó de forma clara en la carta número 13, titulada «Sobre los miedos infundados»: «Son mucho más numerosas las cosas que nos aterran que las que nos aplastan; frecuentemente sufrimos más en la imaginación que en la realidad».
El filósofo preguntaba: «¿Aunque un mal futuro tenga que suceder, quién te obliga a sufrir su dolor ahora?». Su argumento era que mientras ese momento no llega, pueden surgir soluciones, porque el futuro siempre está sujeto a cambios.
Es una versión del «carpe diem» aplicada al sufrimiento: pasarás por ello cuando llegue, si es que ese momento que temes en realidad llega.
El consejo estoico para vivir mejor hoy
Séneca proponía una relación diferente con el tiempo: el pasado debe servir para aprender de los errores; el presente. Para ser vivido plenamente; y el futuro, para ser esperado, pero no sufrido antes de tiempo. «Frecuentemente sufrimos más con las opiniones que con la realidad», afirmaba el filósofo romano.
En la era de las redes sociales, donde todos opinan sin medida y la sociedad observa constantemente, esta advertencia de hace 2.000 años cobra aún más fuerza. Séneca notaba que «aceptamos las opiniones, no verificamos aquellas que nos incluyen miedo, no las examinamos y comenzamos a temblar».
El truco consiste en dejar de sufrir antes de tiempo, en lugar de vivir imaginariamente un futuro que aún no existe. Para lograrlo, Séneca recomendaba examinar racionalmente cada pensamiento negativo: preguntarse si es útil, cuánta realidad contiene y si está bajo nuestro control.
Se trata de quitar la máscara de todas las cosas para ver su apariencia real, usar el pensamiento crítico y calmar las emociones que surgen.
¿Cuánto tiempo tarda el estoicismo en liberar la ansiedad?
Willian Mulligan, quien pasó gran parte de su vida prisionero de la ansiedad, explica que el estoicismo requiere tiempo, esfuerzo e innumerables intentos fallidos antes de funcionar. No es una solución instantánea: requiere practicar constantemente, examinar los pensamientos y aplicar los principios a situaciones reales.
Pero cuando finalmente se integran estos hábitos, como le sucedió a él, la ansiedad deja de controlar las decisiones y la persona puede ser quien quiere ser.













