En Australia, un antiguo método de conservación de alimentos vuelve a llamar la atención como una alternativa que puede funcionar sin electricidad.
Se trata del Coolgardie Safe, un sistema desarrollado en el siglo 19 que aprovechaba la evaporación del agua para reducir la temperatura en el interior de una estructura especialmente diseñada.
El dispositivo utilizaba telas húmedas y corrientes de aire para mantener los alimentos en condiciones más frescas. Aunque su funcionamiento es sencillo, el principio físico en el que se basa continúa siendo utilizado en algunas soluciones de refrigeración pasiva.
Cómo funciona el Coolgardie Safe
El sistema consiste en una caja, tradicionalmente fabricada con madera y provista de mallas, cuyos laterales están cubiertos con materiales absorbentes que se mantienen húmedos.
Cuando el aire atraviesa las telas mojadas, el agua se evapora y extrae parte del calor del entorno. Este proceso de evaporación provoca una disminución de la temperatura dentro de la estructura.
El diseño también incorpora un depósito de agua en la parte superior, que permite mantener húmedas las telas mediante capilaridad. De esta manera, el dispositivo puede funcionar sin electricidad.

Por qué el método vuelve a despertar interés
El Coolgardie Safe fue creado en Australia Occidental en un contexto en el que el acceso a sistemas modernos de refrigeración era limitado, especialmente en zonas remotas. Su funcionamiento permitía conservar alimentos durante más tiempo sin depender de hielo o electricidad.
Actualmente, el interés por sistemas de refrigeración pasiva ha recuperado relevancia debido a la búsqueda de alternativas que reduzcan el consumo energético.
El principio de utilizar la evaporación para disminuir la temperatura también aparece en algunas propuestas de arquitectura y diseño orientadas a mejorar el confort térmico.
Así, el Coolgardie Safe demuestra cómo principios físicos sencillos pueden ser aprovechados para desarrollar soluciones de bajo consumo energético.












