En 1724, un carpintero analfabeto llamado Yefim Nikonov sorprendió al mundo con la creación del primer submarino de la historia en Rusia. Este invento, conocido como «Morel», se asemejaba a un barril de madera de seis metros. Su construcción despertó el interés del zar Pedro el Grande, quien había soñado con un buque capaz de navegar bajo el agua y atacar barcos enemigos por debajo. Aunque ya existían predecesores, como el diseño del ingeniero holandés Cornelius Drebbel, fue la habilidad y visión de Nikonov lo que cautivó a Pedro en un momento crucial para la innovación marítima.
La Innovación Naval de Yefim Nikonov
Sin conocimientos formales de ingeniería, Nikonov desarrolló un concepto revolucionario para su tiempo. Su prototipo fue probado por primera vez en el río Nevá. Aunque el submarino logró sumergirse y emerger exitosamente, una segunda inmersión fue menos afortunada, requiriendo la intervención personal del zar. A pesar del fracaso inicial, Pedro el Grande no se dio por vencido y ordenó continuar con el proyecto. Este respaldo fue crucial para el desarrollo del submarino de Nikonov y permitió llevar su visión hasta un modelo operativo.
El Diseño Inusual del Submarino
El «Morel» fue un diseño audaz para su época. Con la estructura de un gran barril de madera reforzado por aros de hierro y envuelto en cuero, el submarino fue capaz de sumergirse gracias a bolsas llenas de agua controladas por un sistema de bombas de pistón de cobre. Los tripulantes, un grupo de cinco, se encargaban de moverlo utilizando remos. Además, su arma principal, lanzallamas de tubos de cobre, daba un toque original y temible a esta nave. Nikonov incluso desarrolló un traje especial para buceadores, anticipando el futuro del buceo táctico moderno.
Pruebas y Resultados del Primer Submarino
En la primavera de 1724, bajo la mirada atenta de Pedro el Grande, el «Morel» se probó nuevamente. Alcanzó una profundidad de tres a cuatro metros, pero desafortunadamente tocó el fondo del río con su quilla. Este percance condujo a un rápido y necesario rescate de la tripulación, demostrando los riesgos y desafíos significativos de la navegación submarina en esa época. A pesar de las dificultades, el proyecto de Nikonov significó un avance notable en la historia de la ingeniería naval.
El Legado de Yefim Nikonov
Aunque el «Morel» no logró convertirse en una flota operativa, el legado de Nikonov se mantuvo presente como un símbolo de innovación temprana. Su visión y diseño sentaron bases que serían retomadas siglos después por ingenieros más sofisticados, consolidando su modelo como uno de los precursores en la historia del desarrollo de submarinos. Hoy, su historia nos recuerda que la innovación a menudo proviene de fuentes inesperadas y resalta la importancia del apoyo a ideas audaces, independientemente de quien las proponga.
En 2026, reflexionamos sobre esta magnífica pieza de historia naval, recordando la saga de un carpintero quien, con recursos limitados, desafió las convenciones y se atrevió a soñar con un vehículo sumergido que pudo haber cambiado el curso de la historia militar. Este élan pionero sigue inspirando a innovadores y soñadores por igual en la búsqueda de lo aparentemente imposible.





