El agua del Atlántico está entre las más cálidas registradas y, aun así, la cuenca podría cerrar el año sin un solo huracán. La paradoja tiene en vilo a quienes siguen de cerca el comportamiento del océano.
Agosto y septiembre suelen concentrar la mayor cantidad de tormentas tropicales violentas, pero en 2026 transcurrieron sin que se formara ningún sistema de esa categoría. En declaraciones recogidas por el sitio especializado AccuWeather, Alex DaSilva, experto principal en huracanes de esa firma, calificó el comportamiento como uno de los más atípicos de la historia reciente.
Una marca que no se veía desde 1914
Para encontrar una temporada atlántica completamente vacía de huracanes hay que retroceder más de cien años. Antes de este ciclo, solo 1907 y 1914 terminaron con ese resultado.
Esos registros, sin embargo, tienen una limitación importante: en aquella época no existían satélites. Por eso, una tormenta nacida lejos de la costa o en zonas sin tránsito de barcos podía desarrollarse y disiparse sin que nadie la detectara.
El verdadero punto de comparación
El seguimiento confiable y sistemático de los ciclones comenzó en 1966, cuando Estados Unidos empezó a monitorear la región de forma satelital y rutinaria. Desde entonces, ningún año calendario había terminado sin un huracán.
Si el patrón actual se mantiene hasta el cierre oficial del ciclo, fijado para el 30 de noviembre, 2026 sería el primer año de la era satelital sin un huracán atlántico registrado.

Por qué el calor del mar no alcanzó
La ausencia de tormentas no se explica por un océano frío. Según datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, las temperaturas superficiales del Atlántico están entre las segundas más altas de las que se tiene registro.
Dos factores atmosféricos específicos frenaron el desarrollo de ciclones, un potente Super El Niño generado en el Pacífico produjo vientos del oeste muy intensos en las capas altas del Atlántico. Capaces de desorganizar cualquier sistema de tormentas antes de que lograra formarse.
El aire seco proveniente del Sahara, sumado a un patrón de descenso continuo en las capas superiores de la atmósfera, agregó un segundo obstáculo.
Lo que puede pasar antes de noviembre
A medida que avanza octubre, la probabilidad de que se forme un huracán cae de forma marcada por la propia estadística de la cuenca. Los registros de episodios similares de Super El Niño muestran qué tan inusual resulta este año: de tres eventos parecidos documentados en las últimas décadas. Solo uno produjo un huracán después del 1 de octubre.
Según AccuWeather, DaSilva consideró cada vez más probable que el año termine sin huracanes, aunque los especialistas piden cautela hasta que venza el plazo formal. El 30 de noviembre, cuando termine oficialmente la temporada, se sabrá si el Atlántico registra por primera vez en la era satelital una temporada sin huracanes.
Cómo el Super El Niño detiene los huracanes antes de que nazcan
Un huracán necesita condiciones atmosféricas que le permitan crecer. El Super El Niño que se desarrolla en el Pacífico genera vientos muy fuertes en las capas altas del Atlántico, que actúan como una barrera invisible.
Esos vientos cortan y desorganizan los sistemas de tormentas tropicales antes de que logren ordenarse y ganar fuerza, lo que impide que se conviertan en huracanes.
Además, el aire del Sahara llega seco a la región atlántica, mientras las capas superiores de la atmósfera registran un descenso continuo del aire. Juntos, esos fatores crean una atmósfera hostil, con poca humedad y sin la estructura necesaria para que una tormenta se organice.
Aunque el agua del océano esté caliente, como ocurre cuando alimenta huracanes, la energía térmica queda atrapada sin las condiciones atmosféricas adecuadas para convertirse en un ciclón.













