Dinamarca investiga la contaminación provocada por un submarino alemán de la Primera Guerra Mundial hundido frente a sus costas. Se trata del UC-30, localizado cerca de la isla de Rømø, en el mar del Norte, a unos 30 metros de profundidad.
El submarino permanece bajo el agua desde 1917 y todavía contiene municiones de la época. El deterioro de su estructura ha generado preocupación por la posible liberación de sustancias contaminantes al entorno marino.
Un submarino hundido desde 1917
El UC-30 transportaba 18 minas y seis torpedos cuando se hundió tras chocar con una mina británica en abril de 1917. Los 27 tripulantes murieron en el incidente.
Más de un siglo después, la corrosión del casco ha deteriorado parte de la estructura del submarino. Esta situación dificulta determinar en qué condiciones se encuentran las municiones que permanecen en su interior y cuál podría ser su impacto sobre el entorno.
Investigación sobre la contaminación
Investigadores daneses han analizado muestras de sedimentos y organismos marinos de la zona para identificar posibles rastros de TNT y otras sustancias relacionadas con las municiones.
El objetivo es determinar el alcance de la contaminación y comprender cómo podría afectar al ecosistema cercano al pecio. Los científicos también estudian la evolución del deterioro de la estructura para evaluar posibles escenarios futuros.
El desafío de retirar las municiones
La retirada de explosivos de pecios antiguos es una operación compleja debido al estado de deterioro de las estructuras y al riesgo asociado a la manipulación de las municiones. Por este motivo, cualquier intervención debe considerar la seguridad de los equipos y el posible impacto ambiental.
Tecnologías como robots submarinos pueden facilitar la inspección y el estudio de estos restos sin necesidad de una intervención directa desde el inicio.
El caso del UC-30 muestra uno de los problemas que todavía plantea el material bélico abandonado en el fondo marino. Más de un siglo después de su hundimiento, las autoridades y los investigadores deben evaluar el estado del pecio y determinar qué medidas pueden reducir los posibles riesgos ambientales.













