El wētāpunga, uno de los insectos más pesados del planeta, vive un renacimiento en Nueva Zelanda. En respuesta a su casi extinción, se han liberado 11.000 de estos insectos gigantes en diez áreas distintas del país. Este proyecto, iniciado hace 15 años, busca restaurar su población natural.
Durante la década de 1990, el wētāpunga se encontraba entre las especies de insectos más amenazadas de Nueva Zelanda. La pérdida de hábitat y la presencia de depredadores introducidos, como ratas y gatos, contribuyeron al descenso de sus poblaciones.
Ante esta situación, científicos y organizaciones de conservación pusieron en marcha programas de reproducción en cautiverio. El objetivo era aumentar el número de ejemplares disponibles para su posterior liberación en áreas protegidas, especialmente en el norte del país.
Liberaciones en distintas zonas
Hasta ahora se han realizado decenas de operaciones de liberación de wētāpungas, principalmente en islas libres de depredadores introducidos y en áreas protegidas del territorio continental.
Desde 2014, el zoológico de Auckland ha liberado cerca de 8.874 ejemplares. Otras iniciativas también han contribuido a ampliar la presencia de la especie en lugares donde había desaparecido o sus poblaciones se habían reducido considerablemente.
En islas como Motuora y Tiritiri Matangi se han registrado nuevas generaciones de wētāpungas después de las reintroducciones. La reproducción de los ejemplares liberados es un indicador positivo para los programas de conservación, aunque su seguimiento continúa siendo necesario.

Una especie clave para la conservación
El wētāpunga destaca por su tamaño. Las hembras pueden superar los 6,5 centímetros de longitud y, como otras especies de wētā, estos insectos no tienen capacidad de vuelo y presentan principalmente hábitos nocturnos.
La recuperación de sus poblaciones demuestra la importancia de combinar la reproducción en cautiverio con la protección de los hábitats y el control de especies introducidas.
Los programas de conservación continúan monitoreando las poblaciones reintroducidas para evaluar su evolución y determinar qué medidas pueden favorecer su supervivencia a largo plazo.
El caso del wētāpunga también pone de manifiesto los desafíos que enfrentan las especies nativas de Nueva Zelanda frente a la pérdida de hábitat y los depredadores introducidos.













