Los productos que usamos a diario en casa —desodorantes, pinturas, desinfectantes y limpiadores— se han convertido en unas de las principales fuentes de contaminación del aire durante el verano y superan incluso las emisiones vehiculares.
El cambio refleja cuánto han mejorado los automóviles en las últimas décadas y cuánto se ha rezagado la vigilancia de la calidad del aire frente a esta realidad.
Investigadores de la Universidad Estatal de Colorado, la Universidad de Minnesota y la Universidad de Purdue documentaron este fenómeno mediante mediciones directas en una torre celular ubicada en Mineola, Nueva York, durante el verano de 2023 y el invierno de 2024.
Los hallazgos mostraron que los modelos que usan las ciudades y los estados para gestionar la calidad del aire pasan por alto estas fuentes emergentes.
Cómo los vehículos dejaron de ser el principal problema
Durante décadas, el escape de los vehículos dominó la contaminación del aire urbano. Las regulaciones más estrictas y las mejoras tecnológicas redujeron drásticamente las emisiones del tráfico en las carreteras estadounidenses. Al disminuir la contaminación de una fuente, otras menos estudiadas ganaron importancia relativa.
Según Earth, Dyann Millet, profesora de química atmosférica en la Universidad de Minnesota, explicó que los vehículos urbanos queman combustible de forma mucho más limpia ahora. También dijo que muchas de estas fuentes emergentes aumentan con el calor, por lo que probablemente se intensificarán durante las olas de calor y a medida que el clima se caliente.
Lo que revelan las mediciones directas
El equipo empleó la covarianza de remolinos, una técnica que combina mediciones químicas con lecturas del viento para calcular cuánto contaminante se emite desde una zona. Pocos estudios urbanos han utilizado este método, que requiere equipos complejos instalados por encima de los techos circundantes.
Michael Vermeuel, profesor asistente en la Universidad de Purdue y autor principal del estudio publicado en Science Advances, describió el enfoque como el más directo disponible. «Combinamos monitoreo químico detallado con mediciones de viento para determinar qué contaminantes se emitían realmente y de dónde provenían», indicó a Earth.
«Pocos experimentos de campo han hecho esto en entornos urbanos, y reveló una huella química amplia que cambió sustancialmente entre verano e invierno».
Verano versus invierno: dos realidades distintas
En invierno, el panorama fue familiar: los automóviles dominaron, representando aproximadamente el 40% de todas las emisiones de compuestos orgánicos volátiles medidas. El verano presentó una imagen completamente diferente, con el doble de compuestos detectables en el aire.
Las emisiones totales de compuestos orgánicos volátiles fueron de dos a cuatro veces más altas que en invierno. Los principales responsables no eran los automóviles, sino productos químicos volátiles: desodorantes corporales, pinturas, disolventes y agentes de limpieza. Estas emisiones convivieron con las provenientes de la vegetación y de los edificios mismos.
Vigilancia de aire desactualizada
Las agencias municipales y estatales siguen dependiendo de herramientas que tratan el escape vehicular como el problema principal, lo que subestima las emisiones de otras fuentes, especialmente durante el clima cálido. Este desfase entre la realidad medida y los modelos utilizados plantea un desafío urgente para la gestión de la calidad del aire en ciudades estadounidenses.













