Comer papas fritas de vez en cuando no es el problema. Lo que preocupa al psiquiatra Fernando Mora es convertir ciertos productos en un hábito diario: en un vídeo, enumera cinco grupos de alimentos cuyo consumo sostenido puede afectar a la función cerebral.
Mora aclara que su intención no es generar miedo ni prohibir un consumo puntual, sino señalar patrones que, mantenidos en el tiempo, sí pueden marcar la diferencia.
Por eso, la frecuencia es la clave del planteamiento: comer algo frito un día no equivale a hacerlo cada semana durante años. Esa distinción, según explica, separa lo anecdótico de lo que puede incidir en la salud mental.
1. Bebidas azucaradas y su vínculo con el ánimo
El primer elemento de la lista son los refrescos y bebidas con azúcar añadido. Un peor estado metabólico aparece asociado a quienes las consumen de forma habitual, junto con un riesgo más alto de depresión, apunta Mora.
La asociación con la depresión exige cautela: una revisión de estudios observacionales en población joven detectó una relación general entre ambos factores. Sin embargo, al aislar los trabajos que siguieron a los participantes durante un periodo prolongado, la relación perdió significancia estadística. Por eso, no puede hablarse de causa y efecto.
2. La fibra que falta en el plato
El segundo punto no es algo que se añade, sino algo que falta: la fibra procedente de frutas, verduras y cereales integrales. Una dieta pobre en estos alimentos deja hueco a productos que aportan menos variedad nutricional al organismo.
Las consecuencias para el cerebro, según el especialista, se notan sobre todo con el paso de los años, no de forma inmediata. Incluir legumbres y cereales integrales en el día a día forma parte de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud para una alimentación equilibrada.
3. Frituras consumidas con frecuencia
Las frituras ocupan el tercer puesto de la lista. El matiz vuelve a ser central: no es lo mismo picar unas patatas un día que incorporarlas como costumbre diaria.
Mora asocia este hábito sostenido con la inflamación y el deterioro de la salud neuronal. Ningún alimento frito provoca por sí solo ese daño: depende del conjunto de la dieta, de las cantidades y de la frecuencia con que se repite el patrón.
4. Ultraprocesados y salud mental
El cuarto grupo incluye bollería industrial, snacks envasados, galletas y platos precocinados. El psiquiatra vincula su consumo habitual con la ansiedad y la depresión.
Una revisión publicada en The BMJ encontró asociaciones entre una mayor exposición a estos productos y varios problemas de salud, entre ellos los de tipo mental. Gran parte de esa evidencia procede de estudios observacionales: muestran relación entre hábito y resultado, sin probar que cada producto sea la causa directa del malestar.
5. Alcohol, el que más preocupa
El alcohol cierra la lista, y Mora lo sitúa en primer lugar por su nivel de normalización social. A diferencia del resto de categorías, esta sustancia actúa de forma directa sobre el sistema nervioso.
El Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo de Estados Unidos describe interferencias en la comunicación entre regiones cerebrales, así como afectaciones a la memoria y al juicio.
Un consumo intenso y prolongado puede incluso alterar las neuronas, mientras que la Organización Mundial de la Salud insiste en que no existe un nivel de ingesta completamente libre de riesgo.
El mensaje de cierre del especialista busca quitarle dramatismo al asunto: ni prohibiciones ni culpa en la mesa. Su propuesta final es prestar atención a lo que se repite semana tras semana, porque ahí es donde realmente se construye el efecto sobre la salud cerebral.













