Un equipo de científicos descubrió millones de huevos de tamaño inusual sobre una montaña volcánica submarina frente a la costa occidental de Canadá, a 1.500 metros de profundidad en el océano Pacífico, una formación que hasta entonces se daba por apagada.
El hallazgo puso en evidencia que el volcán continúa liberando calor y fluidos cargados de minerales, lo que convirtió su cima en un sitio de cría con una concentración de huevos nunca antes vista en el fondo oceánico. Según el conteo de la expedición, la zona concentra cerca de 2,6 millones de cápsulas de huevos de la raya blanca del Pacífico, un animal de gran tamaño propio de las zonas abisales sumidas en oscuridad permanente.
Este hallazgo obliga a los oceanógrafos a replantear cómo la vida se reproduce en los ecosistemas más extremos del planeta.
Millones de huevos en un refugio termal
Antes de estas inmersiones, nadie en el equipo sabía que el volcán submarino todavía estaba activo, según relató la investigadora Cherisse Du Preez, de Fisheries and Oceans Canada. Cada cápsula reproductiva mide aproximadamente 50 centímetros de diámetro y contiene los nutrientes necesarios para sostener el desarrollo del embrión durante un período extraordinariamente largo.
La raya blanca del Pacífico (Bathyraja spinosissima) puede superar los dos metros de largo y alcanzar los 45 kilogramos de peso. Cifras notables para un animal que habita entre los 800 y los 2.900 metros bajo el nivel del mar.
El equipo logró, por primera vez, grabar el momento exacto en que una hembra depositaba sus cápsulas sobre la roca volcánica. Además de documentar extensas áreas del fondo marino cubiertas casi completamente por estas estructuras.
Por qué el calor geotérmico acelera la reproducción
Du Preez señaló que las profundidades marinas son frías y que el calor ayuda al desarrollo de los embriones. Las rayas eligen a propósito las zonas próximas a las salidas de agua templada para poner sus huevos, recurriendo así a una fuente natural de calor en un entorno donde las temperaturas rondan los cero grados.
Según las estimaciones del equipo científico, la incubación de estas cápsulas puede prolongarse durante varios años y, en algunos casos, alcanzar incluso una década. Al elegir estas zonas termales para reproducirse, las rayas conseguirían un desarrollo embrionario más favorable pese a lo extenso del período de incubación.
Un precedente similar se registró en 2018 junto a respiraderos hidrotermales de las islas Galápagos, aunque la magnitud del hallazgo canadiense resulta muy superior.
Replanteando los límites de la vida en el abismo
Para Du Preez, estos descubrimientos obligan a reconsiderar qué zonas del océano profundo pueden albergar vida activa y reproducción continua. El volcán canadiense, lejos de ser una estructura geológica muerta, funciona como una incubadora natural que genera condiciones únicas para especies adaptadas a la oscuridad total y la presión extrema.
Las expediciones que revelaron este criadero documentaron también con vehículos submarinos amplios tramos del fondo marino donde las cápsulas formaban paisajes casi completamente cubiertos por estas estructuras reproductivas. El fenómeno demuestra que algunos ecosistemas abisales mantienen una dinámica reproductiva activa vinculada directamente a la energía geotérmica que brota desde el interior de la Tierra.













