Un cefalópodo con apéndices largos y translúcidos apareció frente a las cámaras de un vehículo submarino a más de 3 km bajo la superficie del Pacífico. El avistamiento ocurrió cerca de la costa central de California y corresponde al primer ejemplar de esta especie observado con vida en esa región del océano.
El registro se obtuvo el 7 de agosto, cuando personal del Monterey Bay Aquarium Research Institute revisaba el material capturado en tiempo real. Al notar los tentáculos flotando frente al lente, el equipo confirmó que estaba ante un calamar aletudo del género Magnapinna, un animal escasamente documentado en su hábitat natural.
Un hallazgo que sorprendió a los expertos
Olívia Soares Pereira, ecóloga del Monterey Bay Aquarium Research Institute, relató en un comunicado que la primera impresión fue que se trataba de una medusa poco común. Pero la forma de flotar de la criatura reveló que era un ejemplar de aleta grande, muy poco frecuente en avistamientos directos.
El vehículo Doc Ricketts, operado por control remoto, fue el encargado de documentar la secuencia al suroeste de Monterey.
Con este registro, ya son 70 las observaciones acumuladas de la especie en distintas expediciones. Andrew DeVogelaere, ecólogo del Santuario Marino Nacional de la Bahía de Monterey, consideró espectacular el avistamiento. Según dijo a los medios, los científicos marinos experimentados actuaban como niños frente a Magnapinna, pues el cefalópodo tiene ese efecto en las personas.
La expedición que buscaba otras respuestas
El equipo llevaba diez días recorriendo el fondo marino en la expedición Seamount Hotspots, enfocada en los organismos que habitan cerca del monte submarino Davidson. La meta original era analizar unos surcos extraños detectados en 2020 sobre el lecho oceánico, cuyo origen aún no está confirmado.
Ballenas picudas que se alimentan a gran profundidad podrían haber dejado esas marcas, según las primeras hipótesis del equipo científico. Para intentar comprobarlo, se tomaron muestras de agua y de sedimento con la intención de buscar rastros genéticos de esos animales.
Un cuerpo diseñado para la caza pasiva
El calamar rosado, con forma de lágrima y apéndices desproporcionadamente largos, flotaba a pocos metros del fondo cuando fue filmado. Un sistema láser permitió calcular que medía cerca de 1,2 metros, una cifra menor si se compara con los adultos de la especie, que pueden llegar a 6,4 metros.
Sus tentáculos formaban un ángulo exacto de 90°, postura que los biólogos conocen como «de codo». Pereira explicó que, según el comportamiento de otros calamares de aguas profundas, ese posicionamiento podría formar parte de sus tácticas de alimentación. Los brazos o tentáculos se extienden para no enredarse y capturan de forma pasiva presas que se adhieren a ellos.
El monte submarino Davidson, a 3 km bajo el nivel del mar, sigue siendo territorio poco explorado para la ciencia marina. Cada expedición como la de Seamount Hotspots suma piezas sobre especies que rara vez cruzan frente a un lente en su ambiente natural.













