Un tsunami golpeará el Mar Mediterráneo en los próximos 30 años, según evaluaciones de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO. Los análisis del organismo indican una probabilidad elevada de que una ola de más de un metro de altura afecte la región en ese lapso.
Los sismos recientes registrados en distintas zonas del planeta, incluido el de Colombia, reavivaron la atención sobre este riesgo latente, aunque no existe vínculo directo entre ese temblor y el pronóstico mediterráneo. La advertencia se basa en análisis estadísticos y geológicos sobre la actividad sísmica y volcánica que atraviesa la cuenca desde hace décadas.
Una de las zonas bajo mayor vigilancia es la Falla de Averroes, situada en el fondo del Mar de Alborán, entre la costa de Málaga y el norte de África. Los científicos aún no pueden precisar cuándo, dónde ni con qué fuerza exacta ocurriría el evento.
Una cuenca tranquila solo en apariencia
El Mediterráneo tiene fama de aguas calmas frente al Océano Pacífico, pero descansa sobre una zona de intensa presión geológica. Varias placas tectónicas convergen ahí, y esa fricción constante crea las condiciones para sismos capaces de mover volúmenes enormes de agua.
La mayoría de estas olas nace cuando un terremoto desplaza de golpe el fondo marino, aunque deslizamientos submarinos y erupciones también pueden generarlas. En mar abierto avanzan casi sin notarse, pero al llegar a zonas costeras más someras ganan altura y arrastran corrientes capaces de inundar poblados enteros.
El calentamiento global suma un riesgo adicional
El aumento del nivel del mar y el calentamiento global tienden a agravar el impacto de estos eventos en las costas mediterráneas. Una ola que antes se disipaba en la orilla puede avanzar ahora más tierra adentro porque el mar parte de un nivel más alto.
El Centro Alemán de Investigaciones en Geociencias advierte que los terremotos en el Mediterráneo pueden alcanzar magnitudes de entre 7,5 y 8, generando olas de hasta 6 metros de altura. Una cifra así bastaría para arrasar infraestructura portuaria y poner en peligro a comunidades costeras enteras.
Antecedentes que confirman la amenaza
La región ya vivió episodios similares. En 2003, un sismo de magnitud 6,9 cerca de Boumerdès, en Argelia, provocó descensos bruscos del nivel del mar y corrientes violentas en puertos de la Riviera Francesa, dañando embarcaciones. En 1979, un colapso submarino vinculado a obras portuarias en Niza generó un tsunami que golpeó Niza, Antibes y Cannes, dejando ocho muertos.
Casi un siglo antes, en 1887, un terremoto de entre 6,5 y 6,8 grados sacudió el Mar de Liguria. Los relatos históricos describen un receso repentino del mar en Antibes y Cannes, seguido por la llegada de una ola de aproximadamente dos metros.













