El escritor Arturo Pérez-Reverte volvió a reflexionar sobre la manipulación social y la marginación de grupos sociales. Según el académico, quienes actúan de forma deshonesta rara vez logran sus objetivos en soledad: detrás de cada engaño o abuso de poder hay una red de personas que, sin pensamiento crítico, defienden causas ajenas y ejecutan el trabajo sucio de otros.
Pérez-Reverte también reflexionó sobre cómo la sociedad margina la vejez porque no encaja con los estándares de belleza y juventud que se imponen.
Con una carrera que comenzó como reportero y corresponsal cubriendo conflictos internacionales durante 21 años, Pérez-Reverte ingresó en 2003 en la Real Academia Española, donde ocupa el sillón T.
Su observación refleja décadas de análisis del comportamiento humano en novelas como El club Dumas. La tabla de Flandes y la serie del capitán Alatriste, además de sus artículos de opinión en prensa.
La dinámica entre el engañador y la masa
Según su análisis, los sinvergüenzas que buscan beneficio personal, político o económico encuentran terreno fértil en personas dispuestas a justificar sus actos sin cuestionarlos. El instigador se mantiene en la retaguardia, diseña narrativas simples y emotivas que atraigan y delega todo el esfuerzo logístico en quienes actúan por ingenuidad, fanatismo o pereza mental.
Esta dinámica no es accidental, e quien comete un abuso necesita colaboradores que lo amparen mediante la propagación de mentiras, la defensa de lo injusto o al mirar hacia otro lado. Sin esa masa de personas que lo secundan, el mal tendría un alcance limitado.
La pérdida de responsabilidad individual
Pérez-Reverte subraya el papel crucial de la palabra «enjambre» para entender su reflexión. La metáfora describe una masa coordinada que abandona el razonamiento propio para dejarse llevar por impulsos colectivos. Cuando el individuo se disuelve en la multitud y renuncia al pensamiento crítico, pierde el sentido de responsabilidad sobre sus propias acciones.
Integrado en el grupo, ese individuo se vuelve más agresivo y eficaz en la tarea. Se siente respaldado por una supuesta mayoría y blindado por una superioridad moral inyectada desde arriba, lo que lo anima a ejecutar tareas de desgaste: difundir rumores sin control y defender abusos ajenos con pasión.
El entorno digital amplifica el fenómeno
Esta dinámica adquiere una dimensión preocupante en las redes sociales y las plataformas digitales, donde la polarización y la indignación prefabricada se expanden a una velocidad sin precedentes. En ese ecosistema hiperconectado, las consignas ideadas por unos pocos estrategas se replican masivamente y generan una ilusión de consenso que refuerza el comportamiento del enjambre.
La reflexión de Pérez-Reverte apunta a un mecanismo antiguo, potenciado por la tecnología: la manipulación funciona cuando quienes la ejecutan encuentran cómplices dispuestos, conscientes o no, a hacer el trabajo sucio. Sin esa red de colaboradores, el alcance del engaño y del abuso de poder quedaría limitado.













