Las pestañas cambian con el paso de los años: se vuelven más cortas, finas y escasas, y ese cambio modifica la forma en que debe aplicarse el rímel.
Las maquilladoras profesionales que trabajan con pieles maduras coinciden en una recomendación: concentrar el producto en la fila superior abre la mirada más que repartirlo en partes iguales entre ambos párpados. La razón es sencilla.
Cargar la misma cantidad de máscara arriba y abajo termina acentuando las ojeras y oscureciendo el contorno inferior del ojo, lo que da un aspecto recargado en lugar de favorecedor.
La fila superior, en cambio, admite varias capas sin que el resultado pierda naturalidad. Por eso, las expertas recomiendan priorizar la parte de arriba y reservar la de abajo para toques mínimos.
El error más común al maquillar los ojos
Buscar una mirada intensa suele llevar a aplicar rímel por igual en los dos párpados, sin considerar que esa decisión puede jugar en contra del efecto deseado. El párpado inferior necesita un criterio distinto al superior: cualquier exceso se nota de inmediato y puede generar pequeñas manchas debajo del ojo.
En cambio, las pestañas superiores toleran mayor cantidad de producto sin que la expresión del rostro se vea artificial. Esa diferencia de tratamiento entre ambas filas marca el límite entre un aspecto cansado y uno despejado.
Cómo aplicar el rímel correctamente
El método recomendado consiste en deslizar el cepillo desde la raíz hasta la punta con movimientos cortos en zigzag, repitiendo el gesto una o dos veces sobre la línea superior. Ese recorrido separa las pestañas entre sí y evita que se agrupen formando grumos poco prolijos.
Elegir bien el cepillo también influye en el acabado final: conviene uno que permita separar las pestañas y distribuir el producto de manera uniforme. Trabajar primero el centro del ojo y luego avanzar hacia los costados abre visualmente la mirada sin acumular exceso en los extremos.
Una mirada expresiva sin maquillaje recargado
Con los años, mantener una mirada despierta no depende de sumar más productos, sino de saber dónde poner el foco. Reservar la parte inferior para aplicaciones leves y dejar que la fila superior concentre el trabajo principal es la fórmula que mejor rejuvenece el rostro, según coinciden las maquilladoras consultadas.
Adaptar la técnica a la forma de cada ojo y al resultado buscado marca la diferencia entre un look natural y uno que acentúa el cansancio. La clave para las mujeres mayores de 50 años está en la distribución del producto, no en la cantidad total que se utiliza.













