Woody Allen, de 90 años, habla del trabajo de una manera que desafía la idea tradicional de la jubilación. En una entrevista con La Vanguardia publicada en 2018, el director, guionista, escritor y músico dijo que la jubilación es para quienes pasaron décadas odiando lo que hacían.
Para Allen, cuando el trabajo despierta una pasión genuina, abandonarlo deja de tener sentido. Su plan es seguir haciendo una película al año durante muchos años. La recompensa, según explicó, está en el proceso creativo, en el acto de crear, no en los premios ni en el reconocimiento posterior.
Dos maneras de entender el trabajo
La reflexión de Allen distingue dos formas de vivir el trabajo. Quienes lo ven como una carga temporal consideran la jubilación una promesa de libertad y descanso. Quienes encuentran satisfacción genuina en su profesión, en cambio, ven el retiro como una opción entre muchas, no como una necesidad.
Cuando una profesión despierta interés real, crear, aprender y ejercerla se convierten en razones para seguir adelante. La identidad se vincula con esa actividad: dejarla implica renunciar a una parte de uno mismo. En esos casos, continuar activo no es obligación, sino elección vinculada con el deseo de persistir en aquello que da sentido a la existencia.
El privilegio de elegir y las realidades distintas
Pero la reflexión de Allen también reconoce una limitación: no todos pueden elegir una profesión que los satisfaga profundamente. Las necesidades económicas, la escasez de oportunidades y las responsabilidades familiares limitan las decisiones laborales de la mayoría. Su frase puede resultar inspiradora para quienes disfrutan de su carrera, pero no describe todas las experiencias posibles.
La jubilación tampoco implica haber odiado el trabajo. Muchos profesionales apasionados deciden retirarse porque quieren dedicar más tiempo a otras áreas de la vida, como la familia, los viajes, los hobbies o el descanso. La postura de Allen expresa una realidad válida, pero no la única.
Su trayectoria es coherente con esa filosofía: a los 90 años, Allen continúa escribiendo, dirigiendo y componiendo música. Su película número 51 se rueda en Madrid, lo que muestra que, cuando una actividad conserva significado y despierta interés genuino, la edad no tiene por qué ser un motivo para abandonarla.
Para él, la edad nunca ha sido una barrera y el propósito creativo sigue siendo más fuerte que cualquier calendario biológico.
Cómo los cambios en su entorno profesional moldearon su decisión de seguir trabajando
Durante la última década, Allen perdió acceso al financiamiento en Estados Unidos. Su prestigio allí se deterioró tras acusaciones de abuso sexual por su hija adoptiva, Dylan Farrow. Aun así, siguió haciendo películas en Europa, donde encontró nuevas oportunidades de financiamiento.
Su traslado a ciudades europeas no fue casual, sino una adaptación.
¿Por qué Allen se mudó a Europa para seguir haciendo películas?
Allen pasó décadas retratando Nueva York, pero desde hace años trabaja principalmente en Europa. En parte, el cambio se explica por las controversias personales que afectaron su prestigio en Estados Unidos y redujeron su acceso a financiamiento allí.













