En 1984, la NASA puso en marcha un experimento poco habitual: envió 12,5 millones de semillas de tomate al espacio para descubrir qué ocurriría con ellas después de permanecer durante años fuera de la Tierra.
Lo que inicialmente debía ser una misión de aproximadamente un año terminó convirtiéndose en una espera de casi seis años.
Las semillas pertenecían a la variedad Rutgers California Supreme y formaban parte del proyecto SEEDS (Space Exposed Experiment Developed for Students), desarrollado por la NASA junto con Park Seed.
Fueron almacenadas en recipientes de aluminio instalados en el LDEF, una plataforma creada para estudiar los efectos de la exposición prolongada al entorno espacial.
Un experimento que quedó atrapado en el espacio
El LDEF fue lanzado en abril de 1984 a bordo del transbordador espacial Challenger. El plan original consistía en recuperar la plataforma aproximadamente un año después y utilizar las semillas en un experimento educativo.
Sin embargo, los retrasos del programa espacial y, posteriormente, la suspensión de los vuelos de los transbordadores después del desastre del Challenger hicieron que el regreso se retrasara.
El transbordador Columbia recuperó el LDEF el 20 de enero de 1990, después de que las semillas hubieran permanecido cerca de 69 meses en órbita.
Durante ese período, las semillas estuvieron expuestas a condiciones espaciales como radiación solar y cósmica. Los científicos querían comprobar si esa exposición podía afectar su capacidad para germinar y desarrollarse.
Millones de estudiantes participaron
El proyecto no terminó cuando las semillas regresaron a la Tierra. La NASA distribuyó aproximadamente 132.000 kits educativos a docentes de Estados Unidos y otros 30 países.
Unos 3,3 millones de estudiantes participaron en las actividades. Cada grupo podía comparar las semillas que habían viajado al espacio con otras que habían permanecido almacenadas en la Tierra durante el mismo período.
Los alumnos observaron aspectos como el tiempo de germinación, el crecimiento de las plantas, la aparición de flores y frutos y las características de las hojas y los tallos.
¿Las semillas cambiaron después del viaje espacial?
Los resultados fueron menos sorprendentes de lo que podría imaginarse. Las semillas expuestas al espacio llegaron a germinar ligeramente más rápido y mostraron un crecimiento algo mayor durante las primeras semanas, pero esa diferencia desapareció con el tiempo.
Investigaciones posteriores tampoco encontraron efectos perjudiciales relevantes sobre la germinación, la producción de frutos o su comercialización.
En términos generales, las semillas demostraron que podían permanecer durante años en el espacio y conservar su capacidad para producir plantas de tomate.
Más que crear una nueva variedad de tomate, el experimento permitió estudiar la resistencia de las semillas al entorno espacial y, al mismo tiempo, acercó la investigación científica a millones de estudiantes.













