Jorge aterrizó en Guayaquil un lunes, a las tres de la tarde, tras competir en el torneo más grande de su disciplina. Venía de conseguir una medalla de bronce en el Campeonato Mundial de Jiu-Jitsu de la International Brazilian Jiu-Jitsu Federation (IBJJF), disputado a finales de mayo en Long Beach, California, y de convertirse, con apenas 16 años, en uno de los mejores juveniles del mundo.
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Sin embargo, no fue a casa a descansar, sino a la academia Alliance LDE, donde pasa la mayor parte de sus días. Entrenó, conversó con sus amigos, celebró su cumpleaños —que coincidió con su regreso de Estados Unidos— y volvió a hacer lo que más le gusta.
"Quería mucho conseguir la medalla", cuenta en una entrevista, varios días después de su triunfo. "Pero una cosa que tenía bien segura en mi mente era que no quería solo la de bronce, quería la de oro". Tan pronto acabó el combate que le aseguró un lugar en el podio, relata, no pensó en la celebración, sino en la siguiente pelea.
Jorge habla de la derrota y de la victoria en el Campeonato Mundial con la misma serenidad con la que otros adolescentes hablarían de una tarea del colegio. No parece sorprendido por haber alcanzado el tercer lugar en el torneo, en donde consiguió tres victorias y sometió a dos oponentes. "Siento que lo merezco", dice.
Desde los tres años, su vida ha girado alrededor del jiu-jitsu. Su padre, Fernando "Soluço" Di Pierro, es uno de los nombres más reconocidos de este deporte en Latinoamérica. Llegó desde Brasil a Ecuador en 2006 y abrió una academia de Alliance, convirtiéndose en el primer profesor del histórico equipo en establecerse en el país.
Su madre, Karin Sáenz, también es una experimentada cinta negra ecuatoriana. Su hermana mayor, Camila Di Pierro, compite al más alto nivel y hace poco obtuvo su cinta violeta. Jorge creció entre tatamis, torneos y viajes, en un mundo donde el jiu-jitsu no era una actividad más, sino una forma de vida.
Cuando todo cambió
Si bien a lo largo de su infancia se probó en muchas ocasiones en el escenario internacional, acumulando medallas en varias ediciones del Campeonato Nacional Brasileño de la IBJJF y el Campeonato Panamericano de Jiu-Jitsu, fue precisamente en la edición de este último del 2023 que una racha de derrotas lo hizo replantearse qué es lo que sería necesario para llegar a la élite.
Desde entonces comenzó a dedicarle al jiu-jitsu una intensidad diferente. Quería ser mejor. Quería ganar esos torneos en los que el podio parecía volverse cada vez más distante. Quería ser uno de los mejores del mundo.
Hoy se levanta a las 5:30 de la mañana para ir al gimnasio. Luego asiste al colegio hasta las dos de la tarde y regresa a la academia, en Puerto Azul, para estudiar técnicas junto a uno de los profesores con quien ha compartido más horas en el tatami, Gabriel Sicco.
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Más tarde ayuda en la clase de niños, vuelve a ponerse el kimono y entrena con intensidad junto a otros peleadores jóvenes. Dependiendo del día, continúa con un programa de preparación física o repasa movimientos con su padre u otros competidores de talla mundial que lo han visto crecer, como Ariel “Tortuga” Delgado.
Su rutina se parece mucho más a la de un atleta profesional que a la de un adolescente de 16 años entusiasmado por el deporte.
“Más que sacrificio, es felicidad”
Cuando se le pregunta por los sacrificios que implica una vida así, Jorge se queda pensando unos segundos. Para otras personas, dice, eso implicaría no poder pasar tiempo en el celular, distraerse con videojuegos o dejar de salir junto a amigos, pero él no lo ve de esa manera: "Lo siento más que como sacrificio, como felicidad".
Incluso en los días en que no tiene ganas de levantarse para entrenar, lo hace igual.
Durante el Mundial en Long Beach, Soluço lo acompañó en cada combate. Desde la esquina del tatami, le indicaba cuándo respirar y cuándo esperar. Al asegurar la medalla de bronce, recuerda haber visto algo que le produjo tanta felicidad como el propio podio: la emoción de su padre. "Lo vi super feliz, y eso sí me generó sentimiento".
Su visión del futuro parece estar ya escrita. Se imagina viviendo en Brasil, estudiando en la universidad y compitiendo en los torneos más importantes del mundo. Quiere ser campeón mundial en la máxima categoría de cinturón negro.
Pero su sueño va más allá de un título. "Quiero ser de los mejores de la historia. Que cuando la gente piense en jiu-jitsu y tenga que pensar en los diez mejores nombres, piense en mí", relata.
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Lo dice con la misma tranquilidad con la que habla de su próximo entrenamiento, como si, en el fondo, ya hubiera decidido que toda su vida estará sobre un tatami.