No a la impunidad
Trece años después de la muerte del general Jorge Gabela, su viuda Patricia Ochoa comienza a ver la luz al final del túnel. El informe del perito argentino Roberto Meza, sustentado en centenas de documentos, concluye que su muerte no fue un acto de delincuencia común, sino que estuvo ligada a sus denuncias sobre el error de adquirir siete helicópteros Dhruv, a un costo que superó los 47millones de dólares. Las aeronaves habían tenido inconvenientes en su funcionamiento en otros países que las adquirieron como Sudáfrica. El tiempo comprobó con largueza la denuncia: cuatro helicópteros cayeron en Ecuador, muriendo en alguno de los accidentes sus ocupantes. En la misma India, hace pocos meses el gobierno puso en tierra 300 aeronaves luego de varios accidentes, encontrándose que tenían mal diseño y pobre calidad metalúrgica. La prohibición fue levantada cuando el fabricante se comprometió a corregir las fallas.
La persistencia de Patricia Ochoa durante este largo período ha logrado que se descubra la realidad de la muerte del alto oficial de la Fuerza Aérea. Le corresponde a la Fiscalía continuar el proceso y ampliar las investigación es para que se determine judicialmente a los culpables de este asesinato y las razones para el encubrimiento posterior. Solo cuando no hay impunidad y cuando los culpables de actos criminales no son amparados por el poder, los familiares de las víctimas pueden cerrar su círculo de dolor. La justicia sana y Patricia Ochoa merece esa sanación.