El Estado debe reconocer que la violencia carcelaria los superó

Esteban Santos

Bifurcar la responsabilidad no cambiará la realidad, la estrategia debe ser otra más que buscar la culpa en terceros, pasarse la pelota entre instituciones del estado, y encima vía redes sociales, se siente ya una ofensa que causa al mismo tiempo ira y angustia, porque solo reafirma que el Estado no es quien tiene el control. Por esto, lo primero que el Gobierno nacional debe con mucha entereza reconocer es que la crisis carcelaria se les fue de las manos, punto, sin más.

Estupefactos nuevamente los ciudadanos presenciamos cómo, en la hacinada y supuesta “cárcel de máxima seguridad” de la Penitenciaría del Litoral del Guayas, los privados de la libertad (ppl) transmitían en vivo por varias horas -vía redes sociales- sus súplicas hacia las fuerzas de seguridad para que interviniesen y retomen el control, porque estaba claro que las amenazas de muerte de bandas rivales que se querían tomar su pabellón iban en serio y todos quienes quisimos, las pudimos ver y escuchar en vivo.

Y así fue, hoy las estadísticas reiteran la sevicia con la que se produjeron decenas de nuevos muertos y heridos, de familiares desesperados en las afueras de una Penitenciaría destrozada y más en ruinas que nunca, por lo que terminó imperando un indeseable y amargo sentimiento generalizado entre los ciudadanos de desdicha, al sentir que en nuestro país reina una vez más la impunidad y la inseguridad.

Estamos de acuerdo en que nunca será infructuoso entablar un dialogo, pero por favor autoridades, sepamos distinguir lo urgente de lo inmediato, estamos hablando, digámoslo bien claro, de vidas humanas que están muriendo por los cientos y de la manera más desgarradora y violenta, a vista y paciencia de toda la sociedad porque la corrupción y falta de recursos han hecho que el gobierno ecuatoriano no pueda controlar desde hace mucho a la delincuencia, al crimen organizado y a su población carcelaria.

Sabemos que se requieren de más efectivos, que estén mejor preparados y mejor remunerados, de nueva infraestructura carcelaria, y por supuesto, de consensos y un verdadero diálogo nacional para entender y lidiar con las causas de esta crisis para buscar así una salida de esta dantesca situación. Entendemos que el Gobierno nacional no cuenta con los recursos para hacerlo y encima debe enfrentar a la galopante corrupción entre las propias filas de los uniformados (o como más se pretende explicar la libre circulación de armamento de grueso calibre, droga, alcohol y celulares entre los ppl) todo esto en supuestas cárceles de máxima seguridad y encima como corolario ¡dentro de un estado de excepción!

Por esto, hay una inmediata decisión que tomar, Sr. Presidente las autoridades ecuatorianas deben ser lo suficientemente sensatas en reconocer este colapso y solicitar cuanto antes ayuda y cooperación internacional.