El manual de la autodestrucción
Guillermo Lasso y Leonidas Iza anunciaron el mismo día (viernes 2 de junio) que no se presentarán como candidatos a las elecciones anticipadas del 20 de agosto, demostrando así que sus proyectos políticos fracasaron.
En estos 24 meses, Lasso e Iza fueron los antagonistas perfectos de una tragedia a la que Ecuador decidió ya no darle cabida. Aun cuando el Presidente argumente, con loable desprendimiento, que la democracia puede sucumbir si se debilitan las tendencias o que el dirigente indígena insista en que no hay condiciones para inscribirse en la papeleta, las lecciones de sus derrotas están escritas en otras páginas.
Por ejemplo, en las del bloqueo absoluto, la forma más rápida de cualquier político para autodestruirse. Lasso e Iza, desde el manejo errático del Estado y la asechanza callejera, pusieron al país en un inmovilismo irracional que la gente no volverá a tolerar.
A pesar de que quienes los defienden aseguran que la verdadera batalla serán las elecciones de 2025, ambas figuras han perdido toda posibilidad de volver a trascender.
Si su relato se teje con habilidad y fuerza, Lasso posicionará la idea de que su gobierno democrático se evaporó por la incestuosa relación entre políticos y mafias.
Iza, en cambio, tiene muy poco espacio para reinventarse. Lo suyo es la protesta y el estallido, repertorio improbable para estos dos años. Si Iza no se tomó Quito, por tercera ocasión, para terminar de derrocar a Lasso, difícilmente tendrá éxito con el próximo presidente. Y como no calza en la democracia representativa, su nombre perderá vigencia, a menos que decida hibernar desde una curul legislativa.
Jaime Nebot hizo una apuesta interesante en su afán por estirar su menguada influencia. Todo dependerá de cómo le vaya a su candidato-sorpresa, poseedor del mejor ingrediente de la mercadotecnia electoral: nuevo en imagen y discurso, aunque su apellido sea parte de lo más oscuro de la estafa correísta.
Hasta el cierre de esta columna, el silencio de la Revolución Ciudadana daba cuenta de lo complicado que se le hizo nombrar un binomio que entusiasme a un Ecuador deseoso por enterrar este período tóxico.
Más que buscar un candidato prístino, su problema radica en no despojarse de esas taras que han vuelto a despertar preocupación y repudio en amplios sectores de la sociedad.
Son tan voraces que en menos de un mes destruyeron cualquier legitimidad posible en el comando central del Consejo de Participación Ciudadana. El nombramiento de Alembert Vera como su presidente supuso un peligroso ‘déjà vu’ para quienes se les había amortiguado la memoria.
Correa y los correístas (hasta los de nuevo cuño como los hermanos Verduga) tendrán que hacerse cargo de las acciones de un funcionario que hace 10 años patrocinó la millonaria y vergonzosa demanda contra El Universo y que ahora, con el apoyo de su papá, vuelve a los tribunales para perseguir a los periodistas.
En esa desesperación por quitarse de encima a la fiscal Diana Salazar, manosean el Cpccs y la Judicatura, irrespetando leyes y procedimientos, mientras la mafia les hace un tétrico dueto al amenazarla de muerte. Son cobardes acciones terroristas que el país no puede tolerar y para eso también están las próximas elecciones.